POR: Miguelina Terrero
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Celia Cruz es de esas artistas que nunca serán olvidadas, porque dejó las huellas imborrables de su talento en escena. Pero un aspecto de su vida que siempre será parte de los recuerdos de sus fans es el gran amor que se profesaron ella y Pedro Knight, con quien se dice “se comunicaban hasta con la mirada”. Vivieron 41 años de casados, pocas veces se separaron porque ambos eran artistas y compartían escenario. Ella decía de él que era “su hermano, su padre, su madre, su gran apoyo”, mientras que Knight recalcó en varias declaraciones que admiraba la bondad y sinceridad del ser humano que tenía a su lado.
La cara de satisfacción era notoria en la “Guarachera de Cuba” cuando hablaba de su esposo y le llamaba con ternura «Mi cabecita de algodón”. Con su gracia característica decía que no le gustaba tener un problema con Pedro e irse a la cama sin arreglarlo. “Eran el uno para el otro”, destacó Omer Pardillo, quien durante 15 años fue el representante de la estrella cubana y testigo de su relación de pareja.
Celia murió en el año 2003 tras perder la batalla contra el cáncer y luego de afirmar en varias ocasiones lo difícil que era la vida sin ella, Pedro la acompañó tres años y medio después, consagrando su amor para siempre.
El trompetista fue sepultado junto a su esposa, tal y como dispuso ella misma, en el cementerio Woodland de El Bronx, en Nueva York, conocido como el “Condado de la salsa». Este lugar continúa siendo punto de peregrinaje para los admiradores de la cantante, a la que dejan flores, mensajes e incluso un pastel el día de su cumpleaños, pese a haberse cumplido el décimo aniversario de su muerte.
El destino a su favor
La pareja se conoció en 1950 en la estación de radio CMQ en Cuba, donde ensayaba la Sonora Matancera, de la que Knight era trompetista. Cuando ésta llegó a la estación radial al primero que se encontró fue a Pedro Knight, que desde ese día empezó a ayudarla con los arreglos y sostuvieron una bonita amistad por 10 años.
El destino estuvo a favor de este gran amor, pues un tiempo después Celia se convirtió en la nueva cantante de la famosa orquesta cubana y fue entonces cuando Pedro y ella se enamoraron, pese a que la cantante decía temer a su fama de mujeriego, pues había tenido dos matrimonios previos.
La orquesta Sonora Matancera sale de Cuba para exiliarse en México en 1960 y con ella su cantante Celia Cruz y su trompeta Pedro Knight. Seis meses después Celia viajó a Nueva York, donde había estado antes sola, por un contrato para presentarse en el entonces famoso club Palladium, convirtiéndose la Gran Manzana en la plataforma de lanzamiento de su exitosa carrera, que incluyó su participación con las orquestas de Tito Puente, Johnny Pacheco y la ya legendaria Estrellas de Fania.
Dos años después Knight llega a Nueva York junto al resto de los integrantes de la orquesta y se estableció junto a Celia en un hotel en la calle 54 y Broadway. Se casaron ese mismo año y pocas veces se separaron.
“Desvelo de amor”, del puertorriqueño Rafael Hernández, fue la primera canción que la enamorada pareja se cantó mientras paseaban en un carruaje por las calles de Nueva York. Pedro siempre estaba en el escenario por la química que tenía con Celia. Sabía si era necesario alargar una canción o si la cortaban. Al mirarse se entendían, aunque estuviera Tito Puente o Johnny Pacheco dirigiendo la orquesta, afirmó Pardillo.
UN APUNTE
Muestras de amor
Pedro era diabético y la cantante siempre estuvo atenta a que su esposo se alimentara de acuerdo con su condición y que tomara sus medicamentos. Él, por su parte, se preocupaba de que ella hiciera el menor trabajo posible: iba a los ensayos de la orquesta y en los aeropuertos estaba atento siempre a recoger las maletas.