En un proceso eleccionario, aunque sea de carácter interno, se invierte mucho tiempo, trabajo y dinero. Se acude a ganar o a perder, pero la mayoría ignora la resaca y traumas sicológicos que afectan al que no resulta favorecido con los sufragios.
Posiblemente esa la situación de Miguel Vargas, a quien habría que perdonarle algunos yerros después de la convención, ameritando un trato respetuoso y humilde, como en efecto ha ofertado Hipólito Mejía, candidato electo del Partido Revolucionario Dominicano.
En lo inmediato, no se vislumbra solución al impasse, que de superarse se tomaría semanas, porque previamente el presidente del partido debe desintoxicarse del cúmulo de estrés a que ha estado sometido. Un viaje al exterior de una semana podría ser una terapia. Y regresar con la mente despejada, adoptando posiciones saludables para su futuro político.
El futuro político de Miguel Vargas está en el PRD y no en otro lugar. Hago la observación, porque en su entorno no faltan quienes le sugieren que espere el desenvolvimiento interno del PLD, en procura de un eventual escenario más ventajoso, en el que se demandaría dinero gastado en las primarias y varios ministerios, los cuales serían ocupados por Neney Cabrera, Peggy Cabral, Pacheco, Andrés Bautista, Orlando Jorge y Andy. Los demás dirigentes se van en el paquete.
Los principios políticos cada vez son más escasos y ya ningún acuerdo está basado en aspectos ideológicos ni programáticos, pero ese casi 47% que Miguel alcanzó en la convención del PRD le dan suficiente moral para solicitar una adecuada cuota gubernamental. Además, en el Pacto de compañeros se establece la proporcionalidad. Hipólito Mejía la aprueba.
Desaprovechar esa oportunidad y aventurar acuerdo con el adversario, sobre todo con Leonel Fernández, que nunca cumple, sería un grave error y significaría la liquidación política de Miguel Vargas.

