El desarme de Almeida
El secretario de Interior y Policía, el amigo Franklin Almeyda Rancier, ha vuelto a saltar a la cima de la impopularidad con su resolución que busca desarmar a la gente autorizada a portar arma de fuego.
Y a decir verdad, no es para menos, si nuestras autoridades no han dado pie con bola a la hora de la persecución de las armas en poder de los delincuentes.
El desarme de la población civil es un sueño al que nadie puede regatear belleza sin caer en mezquindad.
Pero, por lo general, es dirigido por la ruta equivocada, porque a quienes hay que desarmar primero es a los que la sola tenencia de las armas los convierte en delincuentes por no estar autorizados para eso.
Extrañamente, los programas de desarme de la Secretaría de Interior y Policía centran su mira en los que tenemos armas reguladas, por lo que de hecho se erigen en aliados de los delincuentes.
Los que viven del asalto a mano armada y otras actividades delictivas deben estar muy contentos con el doctor Almeyda Rancier, porque, sin proponérselo, él ha respaldado sus andanzas.
Sus decisiones en ese aspecto, por lo general, tienden a dejar a merced de atracadores y delincuentes de toda laya a la gente de bien.
Y aunque todos sabemos que lo hace sin mala intención, imagino que los que viven del crimen deben estarles muy agradecidos porque les facilita las cosas.
Debo confesar que no sé si el secretario de Interior y Policía tiene potestad para prohibir por resolución el porte de armas de fuego a quienes están autorizados a portarlas, aunque ya algunos abogados de experiencia han dicho que no.
Sin embargo, la prudencia y el buen juicio no parecen haber aconsejado la emisión de su resolución, porque todos sabemos que las armas reguladas no son el problema.
Además, no recuerdo haber visto convertida en resolución ninguna estrategia del secretario de Interior y Policía para desarmar a los que se han armado con chilenas y otras armas de fabricación rudimentaria, ni a los que portan pistolas y revólveres sin la aprobación de esa institución.
Claro, a la vista del doctor Almeyda Rancier la sociedad dominicana es más violenta que la delincuencia, o por lo menos pretende hacernos creer eso.
De manera que, ya con ese mérito asignado por la autoridad competente, probablemente haya quienes hayan pensado en la conveniencia de agenciarse chilenas por si a los pupilos del doctor Almeyda Rancier se les ocurre quitarles sus pistolas o revólveres.
Particularmente no he pensado en renunciar a tener la mía al alcance de la mano si tuviera que recurrir a ella durante la Navidad o en cualquier otro período, a menos que el doctor Almeyda Rancier pueda garantizarme que ninguna otra persona podrá acercárseme con un arma y la intención de causarme algún daño.
Naturalmente, el porte de armas de fuego debe estar reservado a personas que entiendan debidamente la responsabilidad que eso implica, y para nadie es secreto que aquí éso ha devenido en un gran relajo.
Pero de eso no culpo a la gestión del doctor Almeyda Rancier en Interior y Policía, porque si hiciera eso, caería en injusticia.
Es un problema ante el que ninguno de nuestros principales partidos políticos puede lanzar la primera piedra a la hora de la identificación de los culpables, porque cada cual tiene su cuota de responsabilidad ¿o de irresponsabilidad?
Lo que le critico al doctor Almeyda Rancier son los desaciertos en el enfoque de la meta del desarme de la población civil, porque busca al ahogado río arriba.
Está claro que mientras los delincuentes anden mejor armados que los propios policías que deben perseguirlos, desarmar a los buenos será improcedente y torpe.
victormendez23@hotmail.com
victormendez23@gmail.com

