Dos millones de dominicanos viven en el extranjero, probablemente la mitad en condiciones de indocumentados.
En Puerto Rico se estiman en 200 mil (6% de la población) curiosamente la misma proporción de haitianos en el país. Pero esperen… ya pronto seremos acusados de anexionistas, pues en Antigua -una pequeña isla del Caribe -la proporción de criollos es del 35% del total de la población.
Muchos emigrantes dominicanos son profesionales y de raza blanca, pero la mayoría son negros (aunque en el país indio oscuro), que realizan trabajos menores.
En opinión del fiscal de EU, (ahora en problemas) somos gente inútiles que llegamos allí haciendo malabares legales. Muchas mujeres dominicanas que viven en Puerto Rico, Europa y América del Sur, son víctimas de afrentas y hasta agresiones xenofóbicas. (Igual como hacemos con los haitianos).
Mis dos hermanos, al igual que mis tres hijos emigraron, mi mujer y yo también hemos vivido como extranjeros, por eso me indigna cuando gente que se supone con educación, en ocasiones con padres, hermanos, hijos emigrantes, se ensañan contra los haitianos invocando a Trujillo para que asesine los hombres, mujeres y niños que a su sesgado parecer «amenazan nuestra soberanía».
Los europeos para enfrentar el problema migratorio han propuesto incrementar los aportes para el desarrollo de África y aumentar las sanciones a los traficantes.
Trump, quien ganó con un discurso anti-emigrante, ahora dice que el muro no es necesario a todo lo largo de la frontera, tampoco que lo pagará México, además autorizó la entrada a trabajadores agrícolas. ¿Habrá descubierto que los mexicanos son expertos construyendo túneles, y los dominicanos atravesando el canal en yolas?
La diáspora dominicana se encuentra dispersa en todo el mundo y la gran mayoría son gente buena que hace valiosos aportes a la economía y la cultura de los países que les brindan hospitalidad.
Houston, Texas, ciudad donde reside uno de mis vástagos y donde estoy hace varias semanas, es una ciudad cosmopolita, con mucha diversidad de emigrantes. Allí nos reunimos con las cuatro hijas del doctor Bayardo Gómez, para hablar de nuestra tierra, mientras degustamos un sancocho.

