Chambéry (Francia). EFE. Rigoberto Urán (30 años, Urrao, Antioquía), ganó la etapa reina del Tour de Francia en Chambéry después de haber perdido. La foto finish le declaró vencedor cuando el colombiano ya estaba en el control antidoping. No era una broma. Había logrado su primera victoria en la “grande boucle” por milímetros, con dificultad, como si fuese un reflejo de su propia vida.
Dicen los que le conocen desde niño que la grandeza humana de Urán radica en su incapacidad para victimizarse. Ni la escasez antes de ser un ciclista importante, ni el asesinato de su padre a manos de paramilitares en agosto de 2001, en Urrao, Antioquia, son motivos para compadecerse de sí mismo ni para derrotar la ambición del antioqueño.
Con un optimismo que poco tiene que ver con su contexto vital, siempre se refirió sin lástima de la tristeza eterna de su madre Aracely, ni de la violencia que asoló la zona donde vivió, ni de los apuros que pasó como vendedor de lotería siendo un chaval.
De niño, asumió como un hombre la responsabilidad de sacar adelante a su familia tras la muerte de su padre, y luchó contra el asma que le afectó de niño, contra la dificultad para graduarse del bachillerato, y más tarde contra la fractura de clavícula que sufrió en el Tour de Francia de 2011 y una larga serie de lesiones.

