PUERTO PRINCIPE. AFP. – «A cualquier lugar pero lejos de la ciudad», repite Talulum Saint Fils, mientras aguarda que un autobús cargado de pasajeros la saque junto a su marido y sus cuatro hijos de Puerto Príncipe, donde el sismo del martes destrozó su casa y les convirtió en vagabundos.
Desde hace dos días, miles de damnificados por el terremoto huyen de la capital. Cansados de dormir en la calle, temerosos de que «la tierra vuelva a temblar» o de que les intenten robar lo poco que les queda, numerosas familias decidieron recurrir a parientes que viven en otras provincias menos afectadas por el sismo.
«Las calles huelen a muerto, no tenemos ningún tipo de ayuda y nuestros niños no pueden vivir como animales», afirma esta madre de familia.
La familia Saint Fils ha pagado 400 ‘gourdes’ (10 dólares) por cada pasaje cuando el precio normal es la mitad. Vendieron joyas para pagar este billete, sólo de ida.
«Me gustaría volver y reconstruir nuestra casa, pero ¿con qué dinero?», se pregunta esta mujer.
El autobús, que lleva gente hasta en el techo, arranca finalmente y cruza las calles de la ciudad destrozada, en dirección a Fodernerg, una ciudad situada a tres horas de carretera. Quienes no han podido montar en él no ocultan su enfado y su decepción.
«Llevamos el doble de pasajeros y cobramos el doble pero no hay gasolina en la ciudad y no hay seguridad. Es un precio justo para salir del infierno», afirma Jaino Nony, dueño de varios autobuses.
«Esta es mi cama, esta es mi casa ahora», le grita, señalando la calle, Aanoz Richard, panadero de 40 años, que no pudo pagar el precio establecido para salir de Puerto Príncipe.
En otro autobús que sale repleto de personas y de bultos hacia una ciudad situada a cinco horas de carretera, una familia de 20 personas abandona finalmente la ciudad. Han pasado 24 horas negociando un precio y esperando que alguien les llevara a todos.

