Biografía de Chicho Ibáñez Serrador
II
“Mi gran influjo fueron mis padres, actores teatrales de gustos opuestos, y los libros. Las buenas historias surgen casi todas en el siglo XIX; por eso yo adapté tanto”, decía. Consideraba a Edgar Allan Poe su “dios” y no tuvo más maestros.
A sus 12 años se trasladó a España y él estudió en Salamanca y empezó a trabajar allí en teatro. Empezó a trabajar en televisión en Argentina.
De ese modo arrancó una carrera inigualable en el mundo del esparcimiento: cineasta, realizador de televisión, guionista, director teatral y actor. “Con cualquiera me conformo”, señalaba, “pero si tengo que elegir una, sería la de actor”.
Su primera serie en Argentina, fue “Obras maestras del terror”, renunciando al teatro: “Vi la posibilidad de contar desde muchos ángulos la historia. Además, si te equivocas, no pasa nada. Total, es un programa de televisión”. Aunque siempre le importó cómo se contaban los relatos: “Ese “cómo” es importantísimo.
Por eso me decían que no parecían programas de televisión, ya que el resto no se atrevía a contar una escena desde tantos recovecos. Para mí es preciso”. En 1963 empezó a trabajar en T.V.E. adaptando piezas clásicas para “Estudio 3”. Por fin llegó “Historias para no dormir”, 3 temporadas de relatos de terror que él presentó al estilo de Hitchcock, convirtiéndose en un visionario radicalmente alejado de los gustos vigentes y enganchando a la audiencia: “El público es como un niño tuyo en el que adviertes enseguida qué le gusta y eso sólo te lo da el teatro, ya que tienes al espectador justo enfrente. Ni la tele ni el cine te ofrecen esa inmediatez”.
En 1972 arrancó “1, 2, 3… responda otra vez“. “Los programas se me ocurrían pensando en qué era lo que no había. Por eso “1, 2, 3…” tenía de todo. En España, entonces, no había muchas cosas. Siempre había algo prohibido y volviendo a sorprender. Era la clave: veías lo que no esperabas ver”.
En 1974, fue nombrado Director de Programas de RTVE., eliminó la figura del censor y dimitió a las pocas semanas.
De él nacieron programas como Waku Waku (1989), Hablemos de sexo (1990) o El semáforo (1994-1997). “No he sido un favorecido, he sido una máquina de trabajar muy crítico con lo que he hecho.
A Dios gracias, he filtrado mucho. Eso ha sido importante: primero, porque pude pulir lo que hice; segundo, porque en lo que dejas de hacer está siempre el futuro”, contaba a inicios de este año.
Aparte está su intensa huella en el cine con “La residencia” (1969) —su trabajo favorito— y “¿Quién puede matar a un niño?” (1976). “Hice el cine que me dejaron”, respondía cuando le preguntaban por qué solo había filmado 2 películas.
Premio Nacional de Televisión 2010, último Goya de Honor, admirado por las generaciones posteriores y sin embargo él se alejaba de las alabanzas: “Siempre me negué al título de maestro, me parecía excesivo”.

