Opinión

Vivencias cotidianas de allí y aqui

Vivencias cotidianas de allí y aqui

Hace un tiempo escribí un artículo sobre la depresión clínica, sus consecuencias y sus graves secuelas. Siento, ahora, que debo hacerlo sobre algo que pueda ayudar a las personas para poder seguir, para tener deseos de vivir, no sólo sobreviviendo, sino disfrutando de la vida. Por supuesto, la ayuda médica es imprescindible, en todos los casos. Sin embargo, a mi modo de ver, es importante también el poder de la/s palabra/s, como dijo Jesús. Ésta/s, pronunciada/s en un momento determinado, puede/n significar mucho para una persona y hacerla reaccionar de forma positiva.

Todos sabemos que, por muy fácil que sea su existencia, cualquiera tendrá que pasar por algún momento de dolor; es algo inevitable. Si logramos traspasarlo con ánimo, habremos crecido y madurado. Lamentablemente, hay gente que no lo consigue pero creo, firmemente, que no tenemos derecho a juzgar a nadie, sino que debemos intentar ayudar. Las estadísticas nos dicen que, cada minuto, en este mundo, alrededor de 80 personas se suicidan. Es una realidad muy triste pero, por más que lo sea, no debemos ignorarla. Hay que probar, esforzándonos tanto como nos sea posible, socorrer al que sufre, poniendo todo de nuestra parte, evitando que su pesar nos arrastre. Eso no es una tarea fácil, obviamente.

Aunque existen muchos factores, el valor cognitivo, representado por la visión negativa de sí mismo, del mundo y del futuro, es crucial pues puede ir disminuyendo, paulatinamente, el deseo de vivir del individuo. Por ello, es de gran importancia el intentar que éste se convierta en positivo, motivando a la persona con ideas racionales. Como sucede, cuando hemos sufrido una pérdida física o emocional, la gente necesita aceptar que los hechos son así y que hay que asumirlos como algo natural, una tarea ardua y difícil. Tiene que hacer un gran esfuerzo, cosa nada sencilla, para aceptar esa/s pérdida/s y seguir adelante, procurando crear expectativas de vida, incluso con esa carencia, por muy importante que sea. Es imprescindible, pues, potenciar las relaciones familiares y amistosas amorosas. Si queremos ayudar, tenemos que poseer una gran paciencia y mucho amor. Es lógico y humano, que, en un principio, la persona se niegue a esforzarse pues, su dolor, hace que lo vea como algo imposible y, lo que es peor, no deseable, durante su duelo. Dicho duelo, que puede durar más o menos, dependiendo de quien lo esté pasando, también hay que saber respetarlo, no pretender que sane cuando nosotros queremos.

Cuando el que sufre esté preparado, con mucho cariño y tacto, sin que apenas se percate, debemos intentar conseguir que realice una serie de actividades. Tenemos, ante todo, que escucharle sin juzgar. Que sienta que su dolor también nos afecta y que no lo comparamos con el de otro/s. En ese momento, al individuo no le interesa, está centrado en el suyo, como cuando a uno le cortan un dedo y no piensa en la enorme cantidad de mutilados que existen en el planeta. Cuando notemos que puede, hay que procurar animarla a realizar acciones tales como mantener contacto con los demás y con la naturaleza, viajar, hacer ejercicios físicos, ver lo que aún tiene sentido en su vida, o lo que puede producirlo. Es importante ayudarla a recuperar su risa, mediante chistes, películas, libros, música, etc…

El Nacional

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