Cuando Vladimir Guerrero sea anunciado esta semana entre los miembros escogidos para ingresar al Salón de la Fama del Béisbol, se estará uniendo a legendarias luminarias del juego que durante su carrera resumieron un promedio de bateo por encima de .318
y slugging de .553.
El ex guarbosque dominicano se unirá a una selecta gama de peloteros que además están considerados en el grupo de mejores de los todos los tiempos.
Es uno de los únicos ocho jugadores en la historia del béisbol en haber conseguidos esas estadísticas al final de sus carrera, uniéndose a Babe Ruth, Lou Gehrig, Joe DiMaggio, Ted Williams, Jimmie Foxx, Stan Musial y Rogers Hornsby.
Los otros siete están en Cooperstown.
Dentro de días cuando Vladimir sea uno de los inmortales escogidos este año, su historia resonará ampliamente en Cooperstown.
El será además el tercer pelotero de su país que alcence llegar a Cooperstown y el primer jugador de posición en conseguirlo, si recordamos que los dos primeros, Juan Marichal y Pedro Martínez, ingresaron como lanzadores.
Guerrero fue un jugador tan especial, que llevaba la dirección de su apartamento por si se perdía en Montreal, el equipo con el debutó en las ligas mayores.
También trajo a su madre a Montreal para alimentarlo, y ella vivió con él durante toda su carrera.
Guerrero se retiró demasiado temprano y nunca produjo 3,000 hits (2,590) o conectó 500 jonrones (449), pero aún así fue uno de los jugadores más dominantes de su era con promedio de bateo de por vida de .318 y porcentaje de slugging de .553.
El nativo de Don Greogorio (Nizao), una pobre comunidad ubicada al Sur y perteneciente a la provincia de Baní, en República Dominicana, fue un azote de los lanzadores desde su misma irrupción en las grandes ligas.
Luego accionar en sólo nueve partidos en 1996 y en 90 juegos un año despuñes, en su primera temporada completa (1998) se convirtió en una súper estrella. Ese año bateó .324 con 38 jonrones y 109 carreras empujadas. Su slugging fue de .589. Anotó 108 carreras.
Al año siguiente hizo lo mismo, sólo que con más jonrones y bases robadas, y su slugging fue de .600. Un año más tarde repitió la dosis, sólo que ahora con un promedio de bateo de .345 y .664 de slugging.
Al año siguiente, decidió robar más bases, así que se estafó 37.
El año entrante robó 40, quedándose a un jonrón de unirse al exclusivo club de los 40-40. El año próximo volvió a tener una temporada grandiosa, pero se lesionó. El año siguiente encabezó a su liga en carreras anotadas y bases alcanzadas.
UN APUNTE
El recio artillero
Fue un productivo jugador casi hasta el momento de su retiro. Bateó .300 o más en 11 temporadas, y por encima de .324 en siete ocasiones. Ganó ocho bates de plata y fue un Todos Estrellas en nueve de sus 14 temporadas completas.

