Lo decía José Francisco Peña Gómez: El PRD unido, jamás será vencido. Y tenía razón. Ahora bien, la unidad no es una palabra, ni una consigna. Un partido busca el poder. Para lograrlo, necesita de una ideología que le dé fundamento.
En su Primer Congreso, el PRD estableció como principios la libertad, la justicia, el nacionalismo y la democracia. En el Segundo Congreso, en 1950, el PRD habló de un régimen de libertades políticas, el desarrollo de la riqueza nacional y la justicia social. Cuando el PRD llega al país en 1961 tras la muerte del tirano, levantó las banderas de la Soberanía Nacional, la Libertad, la Democracia y la Justicia Social. Esos principios siguen vigentes. Pero el PRD de estos tiempos no es un partido en el sentido estricto de la palabra, es una empresa. Todos quieren lo mismo: llegar al poder. En el caso del PRD, que es un partido del sistema, mediante el voto universal. ¿Llegar el poder para qué? Se supone para alcanzar los objetivos planteados en el plan de gobierno. Pero este PRD para los nuevos tiempos ignora los principios, desconoce la socialdemocracia, aborrece los estatutos y coarta la democracia interna. ¿Cómo puede, dentro de ese marco, hablarse de unidad? ¿Acaso las reservas de las candidaturas en más de un 80% para escoger a los canchanchanes y enllaves del presidente del PRD, no fueron una puñalada a la democracia y a la unidad? ¿Acaso el fraude electoral que le hicieron a Guido Gómez Mazara, Tony Peña y a muchos otros dirigentes meritorios, reconocido incluso por Hugo Tolentino Dipp, no constituye un crimen? ¿Unidad en el PRD sobre qué base? ¿Unidad sin principios? Lenin, padre de la revolución Rusa, aconsejaba pactar acuerdos y compromisos, mas no traficar con los principios. Si el nuevo PRD quiere unidad con el viejo PRD, tiene que volver a los principios y normas que le han dado vida. Un partido que no es partido no puede tener unidad. Un partido transformado en empresa necesita empresarios, trabajadores, oficinistas y demás empleados. Un partido político necesita políticos. Para que haya unidad tiene que haber respeto. La gente, toda la gente, es importante en un partido político, contrario a lo que ocurre en una empresa donde el dueño manda. El presidente del PRD no une, divide.
De esa forma fortalece al gobierno y al PLD, pero debilita al PRD y al pueblo. El PRD unido jamás será vencido, pero el PRD divido por el sectarismo, la arrogancia y el terror, siempre será derrotado.

