Opinión

“Presidente” Bosch

“Presidente” Bosch

Este día de su cumpleaños, he recibido una mala noticia. Me han hecho saber, a través de un vocero autorizado, que Usted es quien gobierna el país. La información, lejos de ser, como debiera, un motivo de honda felicidad, me produjo un gran infortunio al percatarme de las diferencias que han separado a su primera gestión gubernamental, respecto a la que desarrolla en la actualidad.

 Parecen dos gobiernos presididos por personajes que no tienen nada que ver el uno con el otro. Reflexiono y no logro comprender las razones que lo han conducido a aplicar políticas públicas tan distintas a las que desarrolló en aquellos siete meses memorables.

 ¿Cómo explicar que el mismo presidente que se negó a atiborrar la nómina pública de zánganos bien pagados, que afirmaba con convicción que a los cargos debían ir las personas por su capacidad y honestidad, se haya prestado ahora a este festival de secretarios de estado, subsecretarios inorgánicos,  ayudantes civiles,  inspectores que no inspeccionan,  cónsules y vicecónsules con nada de funciones y muchísimos dólares?

 ¿Dónde fue a parar aquel estadista intransigente con la corrupción que llegó a afirmar que el presidente no tenía ariente ni pariente para remitir a la justicia a quien incurriera en  violaciones a la leyes y  actuó en consecuencia? No logro descubrir ahora al mandatario que suscribió, antes de ejercer sus funciones, un acto notarial certificando que no tenía ningún tipo de patrimonio.

 Mi mayor decepción ha devenido al estudiar el proyecto de Constitución que remitió  al congreso. ¿Por qué, Don Juan, no hizo propicia la ocasión para reinsertar los avances de la Carta Magna del 63 y, adaptándola a los nuevos tiempos, convertirla en el instrumento de organización de la sociedad que soñamos? ¿Qué lo condujo a esa reversa insólita, donde abandonó la humildad con la cual ejerció su primer cargo para alegar que su figura encarna la representación misma de la soberanía nacional?

No, Profesor, dígame que he sido mal informado, que están tomando su nombre en vano y que quien gobierna   no se trata del estandarte de la dignidad que optó por salir del poder si el precio para preservarlo era desdecirse y pisotear, como a una cucaracha, sus principios y valores. Si usted, Juan Bosch, es el responsable de todo esto, entonces apaguemos la luz.

El Nacional

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