Opinión

100 años de Israel

100 años de Israel

Me llegó el otoño, pero todavía me siento en primavera, expresiones del alma dedicada a quien hoy cumple un siglo de fructífera existencia, Don Israel Jiménez, fecha histórica que le concede el Hacedor del Universo, Jesús.

Israel es un hombre mundo, vencedor de tempestades, levantándose como el ave fénix, honrando a su familia y al país, a quien conocí a través de mi adorado primo-hermano, el Ingeniero Frank Peña Nina, manteniendo una invariable amistad.

Se traduce la grandeza de Israel en la firmeza de su carácter, su honestidad, lealtad, solidaridad, encendidos en los vergeles de su carisma, y cuya esposa, la entrañable doña Felícita Batista, fue un símbolo de mujer, hacendosa, noble, siempre junto a su princesa hija Gladys, quien emula la templanza de sus progenitores.

Don Israel se ha destacado en el arte y el deporte, viajando a Puerto Rico en 1956, en pareja con la estrella Marilín, a promocionar el merengue y la mangulina.

Conquistó así muchos éxitos, enalteciendo la República. Han actuado brillantemente en los hoteles El Embajador, Jaragua y otros, ofreciendo cátedras de baile y estilismo, y, a la edad que tiene, aún estremece su cuerpo al ritmo del son y la balada.

Marilín e Israel fueron acompañados por geniales artistas, muchos de ellos hoy son casi olvidados: Carlitos Taylor y los Alegres Dominicanos, que deben haber recibido premios del Casandra y otras Instituciones afines.

Alfred Houstotes refiere: «Cada uno tiene la edad de su corazón», y apreciamos que todo hombre simboliza un destino hacia sí mismo, el ensayo de un camino y el bosquejo de un sendero».

Una de esas notoriedades que Israel sustenta es su condición de liceísta durante 85 años y más de 55 años llevando alegría a la fanaticada de ese equipo, vibrando un megáfono que estremece al Estadio Quisqueya y otros, donde acompaña al equipo de su simpatía.

En su residencia del ensanche Luperón, al inicio de cada temporada del béisbol profesional de invierno, durante 45 años celebra un gran encuentro de fraternidad, con una exquisita cena, llamada «Las Guineas de Israel y las Arepitas de Felícita», donde han asistido personalidades, especialmente deportistas y allegados.

Bienaventuranzas a Ysrael en sus cien años, sin importar los tormentos de la vida, gran liceísta cuyo nombre, don Pepe Busto y directivos del Licey, con la presencia espiritual de Monchín Pichardo, donde uno de los palcos del inmortal equipo de la enseña azul, debería llamarse Israel Jiménez, ahora en vida.

Rubén Darío escribió lo siguiente que dedicamos a este gran amigo:

«La vida del hombre no es un mito, no es fósforo ni carbón. Hay un espacio espléndido, infinito. ¡Hay alma y corazón!»

Don Ysrael ha recibido un caudal de reconocimientos, medallas, trofeos y distinciones en honor a su luminosa trayectoria y afanes en pos del ideal humanista, deportivo y social.

100 años, preciosa edad que todos quisiéramos cumplir.

¡Felicidades reiteradas a Israel, con salud y paz, gran ruiseñor de atardecer!

El Nacional

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