Cruzando días en que la bendición de las lluvias se torna inseparable de la tragedia social que nos conturba, resultado inequívoco del cruel empobrecimiento de multitudes abandonadas en predios degradados y contaminados
Conteniendo la indignación que producen la vuelta del cólera y los desgarrantes paquetazos que nutren la corrupción de clase y partidos dominantes
Me acerco emocionado al 14 de junio que tanto ha tenido que ver con mis compromisos de lucha:
Aniversario de la expendición de la raza inmortal que conmovió mi alma adolescente y estimuló en mí el combate por la justicia.
Aniversario de Ernesto Guevara, símbolo de la insumisión redentora y llama ardiente del amor por los/as explotados/as del planeta.
Cumpleaños de mamá, una de las dos fuentes de vida, cariño, decoro, sensibilidad y dignidad que forjó mi ser.
Y decido detenerme en este tercer motivo de amor y regocijo: en los noventa de mamá o abuelita Chelito (como le decimos hijos/as, nietos/as y biznietos), comenzando por recordarles estos versos:
Fragua dulce, fragua ardiente.
Dulce madre, madre ardiente.
Dulcemente ardiente
Fragua de amor.
Fuente de ternura, justicia y arte.
Manto de protección sin límite
La alcanzaron los noventa luego de vencer adversidades, construir sueños, edificar casitas hermosas, pintar y cultivar flores preciosas La alcanzaron conservando capacidad de amar y ofertar bondad y justicia.
Madre fragua,
amor de siempre,
desde el vientre,
toda la vida,
y mas allá de la muerte.
La dura imposibilidad de caminar no ha menguado su deseo de vivir y querer, de alegrarse con las luchas victoriosas, enfurecerse con las penurias de los pueblos y acompañar los éxitos y reveses de sus seres queridos.
Desde la dolorosa prisión del lecho ella sigue emanando cariño y solidaridad; mientras la gracia y hermosura de su tercera descendencia, activa la sonrisa de su rostro y la ternura de sus canas, sobreponiéndose al cuadro repulsivo y desgarrador del país saqueado y el pueblo empobrecido, que cada día observa con tristeza en pantalla chica.
Mamá tiene razón para sentirse orgullosa de sí misma y confiar en su trascendencia, que habrá de plasmarse en el espléndido recuerdo de su existencia.

