La famosa «hora americana» se fue al carajo. Pero si bien la tardanza de una hora y 43 minutos en iniciar tuvo un sabor criollo, pese a lo cual la espera fue plentamente satisfecha con la descarga multicultural y una producción cuidada e inolvidable. Era el Concierto de las Américas, con el que la Embajada Norteamericana en Santo Domingo concluyó anoche sus celebraciones.
La personalidades de un joven, fresco, latino y desbordante de Prince Royce y de una estrella afirmada y que debutaba para el público local, A.B Quintanilla, norteamericanos con raíces, dejaron el sello de sus talentos tanto en la bachata como el la cumbia urbana, en trayectorias que les han merecido todos los premios y galardones posibles.
Prince Royce, marcado por una emoción sin paralelo, sobre todo cuando el embajador norteamericano, Raúl Ysaguirre, con su aspecto de buen abuelo, le hizo entrega de una placa en cristal óptico, que le concretaba el homenaje de la delegación diplomática por lo meteórico y consistente de su carrera de bachatero de nueva onda. El programa se inició con un vídeo que mostró los rostros del pueblo norteamericano de hoy, incluyendo la presencia musulmana, china, africana, hispana, de todas las edades, para pasar a la presentación de las banderas y los himnos nacional y de Estados Unidos, interpretados por una soprano dominicana, Antonia Chabebe, y una afroamericana, administradora regional de la Agencia Internacional para el Desarrollo Internacional, de enorme tersura y fuerza vocal: Penélope Thomas-Attar.
La conducción de una Hony Estrella, hermosa, dúctil y abandonada del pelo rubio que no le iba, fue exquisita. Un espectáculo bien producido, novedoso en su carácter integrador, abierto a otros públicos distinto. Los productores ejecutivos fueron Todd Haskell (consejero para Asuntos Públicos) y David Chávez (Latin Pointe), Nieves Peguero, Judith Ravin, Sarah Chávez y la actriz dominicana Claudette Lali.

