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A la dominicana

A la dominicana

Orlando Gome

La propuesta de implementar las Alianzas Público-Privadas en distintas iniciativas que actualmente maneja el Estado por parte del Gobierno, ha desatado una serie de reacciones fascinantes en nuestro país, que dejan en evidencia un mar de contradicciones ideológicas de la parte “pensante” del pueblo dominicano, que no puedo evitar llamar el conservadurismo a la dominicana que, por supuesto, lleva sus plátanos incluidos.

La reciente emisión de bonos soberanos por USD$3,800 millones recibió una particularmente fría recepción por parte de la población, no obstante haber sido negociada a un precio notoriamente bajo y en plazos muy beneficiosos para nuestro país dadas las actuales circunstancias. La emisión era inevitable considerando los estragos fiscales derivados de los efectos económicos de la pandemia, por lo que genuinamente la reacción pública me pareció bastante extraña.

Pero más llamativo resultó la reacción de cierta parte de la población a las noticias de la expansión del uso de alianzas público-privadas y la posible privatización de múltiples empresas y servicios que actualmente provee el Estado.

Evidentemente ignorando que estas empresas y servicios contribuyen al déficit que el Estado debe cubrir endeudándose, las iniciativas a transferir costos hacia el sector privado para mantenerla también han sido protestadas aún su clara utilidad para reducir los costos operativos del Estado.

Muchos dominicanos celebran la idea de reducir el Estado a lo fundamentalmente esencial como una forma de ver un menor impacto de mantenerlo con sus bolsillos por vía de los impuestos, pero al mismo tiempo sostienen la idea contradictoria de ver de forma negativa la privatización de ciertos servicios que sería conducente a lo primero que ven como importante.

Usualmente traen a colación la privatización de las distribuidoras de electricidad para justificar su escepticismo con los procesos de privatización como si los 6 años de experiencia privada en la distribución eléctrica que tuvimos en el país se comparan en impacto con el casi centenario de administración pública del servicio, incluyendo los últimos 15 años.

Los dominicanos hemos vivido y crecido con la mentalidad conservadora a lo Balaguer por tanto tiempo que no sólo no tenemos claro lo que queremos, sino que abogamos simultáneamente por cosas totalmente contradictorias si se partieran de cualquier lógica base. A esto no puedo evitar llamarle otra cosa sino el conservadurismo a la dominicana.

En este escenario, las consistencias ideológicas pierden valor y las acciones concretas de Estado deben verse de forma aisladas a los deseos y aspiraciones de un electorado que claramente no tiene la menor idea de lo que quiere, y aún menos de como lograrlo.

Por. Orlando Gómez
orlando.gomez@gmail.com

El Nacional

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