Símbolo y prestigio de la verdadera enseñanza nacional, partió a las regiones eternas, una insigne hija de San Cristóbal, respetada, querida y admirada por todos: Dolores Medina, cariñosamente Dolorita. Fue una de las profesoras que amé con delirio. Ante sus restos me inclino reverente. Ella me decía que yo era su alumno preferido, pues siempre la recordaré con fervoroso sentimiento. Como cosa del destino, cuando iba a visitarla, me enteré a través de una de sus distinguidas parientas que había fallecido, expresándome que ella siempre me recordaba y preguntaba por mí. Si hubiese sabido esto último, habría ido a abrazarla antes de su muerte.
Un aluvión de amarga tristeza y lágrimas invadió toda mi alma, rememorando sus clases, su probada inteligencia y la esbelta y bella figura de mi entrañable profesora, quien me obsequió el primer libro recibido en mi niñez: Orejas Largas, La historia de un niño que por tener deformadas las orejas era burlado por sus amiguitos, pero con el tiempo este problema fue corregido, y fue el mejor estudiante del curso, un destacado profesional de la medicina, dedicado a ayudar a los necesitados.
Se ha nublado una estrella, y en San Cristóbal no se puede hablar de la educación sin mencionar a la profesora Dolorita Medina. Hay otros baluartes olvidados. En tres ocasiones me dirigí al ayuntamiento de allí, solicitándole que una de las calles fuera designada con su nombre, junto a otras, pero solo recibí promesas, porque se están olvidando de nuestros auténticos valores y de los ciudadanos y ciudadanas que son parte de nuestra historia, especialmente en el área educativa.
Más de 35 años de esfuerzo y sacrificio, enhestando el postulado del saber, con nobleza, sapiencia, decoro y dignidad, sembrando con sus quehaceres huellas imborrables en el propio corazón de la cuna de la Constitución.
Okar Kura Kazuco refería que el buen maestro enriquece la mente de su alumno y a la vez fortifica la suya. Dolorita hizo suyas las frases del gran Lucio Seneca: Nadie nace con una inclinación decidida para aprender: es deber del maestro enseñarle la senda a tomar.
Gloria del magisterio dominicano, con temperamento afable y gran apego a los principios morales, la maestra Dolorita fue ejemplar. Al decir de Noel Clarazo: Hay dos clases de virtudes: las que hacen ganar el Cielo y las que hacen ganar la Tierra. Ella, sin lugar a equívocos, es fiel acreedora de esos dos postulados divinos, pues conquistó el Cielo y supo vivir tranquila aquí en la Tierra.
Al ofrecer tributo de gratitud, amor y recordación a la inmensa Dolorita Medina, evocamos a Miguel de Unamuno cuando dijo: No se rinde la verdad en fuerzas de mayoría, de un mayor es la maestría, magisterio es majestad, Unidos al dolor de su honorable y queridísima familia, y rememorando a Dolorita, le decimos: ¡Adiós, adiós, profesora del alma y generaciones. Bendecido sea tu nombre. Duerme en paz!

