La historia del PRD exhibe precedentes que se repiten con tanta consistencia que estamos obligados a sepultarlos. Desde su fundación, el pleito de los Juanes (Bosch y Jiménez Grullón) estableció las bases de una competencia caracterizada más por el componente personal que por la confrontación de ideas.
Sucesivas confrontaciones entre Peña, Majluta, Jorge Blanco, Don Antonio, Hatuey, Fello, Hipólito y Milagros tienen la importancia de conducirnos por los caminos de una reflexión inteligente y no tropezar dos, tres y cuatro veces con la misma piedra.
Los dirigentes históricos del PRD no saben que la principal carga que tienen las nuevas generaciones de perredeístas consiste en cerrar de una vez y para siempre el espectáculo deprimente de competencias internas donde la descalificación personal sustituye todo esfuerzo de civilización en el debate. Desafortunadamente, somos agresivos y guapos con los de nosotros y terriblemente tolerantes y cobardes con los verdaderos adversarios del partido blanco.
Ahora, la meta de mayor importancia es la de elegir autoridades que puedan interpretar con sabiduría los desafíos actuales. Nadie en su sano juicio puede desconocer la influencia, importancia y legitimidad que tienen Miguel Vargas Maldonado e Hipólito Mejía. Existen figuras emergentes, como la de Luis Abinader. Eso sí, el futuro del partido está vinculado al grado de racionalidad y prudencia con que el ex candidato presidencial y el ex presidente de la república se comporten.
Todos los perredeístas debemos actuar guiados por la razón porque dejarnos seducir por la emotividad no es inteligente. Y es que la sociedad nos da señales muy claras de insatisfacción con el sector gobernante, pero reacciona con preocupación cuando el partido y exponentes de su mando partidario no terminan de aprovechar los errores de la administración del presidente Fernández.
Franjas del partido pretenden reducir a la organización hacia una lógica de actuación que niega las aspiraciones de amplios núcleos de la sociedad. El PRD no es el país, y si algo debemos de aprender del pasado glorioso, es que nuestro éxito está vinculado a la capacidad de conectarnos con sectores esenciales que, sin militar en el partido, votan cuando el pliego de nuestras propuestas se identifican con sus agendas.
Mis planteamientos no tienen de interés el acomodo inteligente frente a competencias internas. Reclamo a los dos, Miguel Vargas Maldonado y a Hipólito Mejía porque en la actual coyuntura están llamados a conducir el partido con sentido de prudencia. Además nunca negocio mis ideas. Resultaría irónico, pero el sector donde recibo mayor respaldo es el identificado con el excandidato presidencial y ministro de obras públicas. No obstante, las intrigas
y envidias de dos o tres tartufos, el ex presidente y yo tenemos una relación de cariño y afecto. Nada ni nadie podrá distanciarnos, y no me pasa por la cabeza que accione en contra de mis pretensiones internas.
En el PRD todo el mundo sabe hacia donde soplan los vientos de una mayoría que debe ejercerse con humildad y apta para incorporar a todos los sectores sin retaliaciones ni inquinas acumuladas como resultado del proceso interno.
Además todos nos necesitamos para construir la victoria. Y la mayor carga de responsabilidad la tienen Miguel Vargas e Hipólito Mejía.
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