En un domingo triste, 9 de mayo, exhaló su último suspiro una de las mujeres más encantadoras de San Cristóbal; Gladys Nina Pérez, cariñosamente Ninina.
Desde su niñez, siguiendo la trayectoria de sus progenitores y familiares, Ninina se abraza a la noble tarea del trabajo, que al decir de Homero, Dios ha puesto a éste por centinela de la virtud.
Contrajo matrimonio con el ciudadano Ángel Pérez, y de esa unión nacieron cinco flores que engalanan a San Cristóbal y al país; Nancy, Pasiris, Martha, Ángela y Ruth, talladas como su madre, en la escuela de la dignidad. Ninina sustenta el itinerario de su vida, en los fragores del amor a sus proles y hermanos, profesora doña Luz, Bombola, Celeste, Gloria, Thelma, Gamboa, Bulín, Pingüín, Bado, Vitico, así y quiero insistir en esto del trabajo, pues conquistó lauros, respeto, admiración y simpatía.
Mi tía Ninina fue valiente emprendedora, de firme voluntad, comprende que vivir es difícil; y se traza como norte invariable continuar sus luchas por tareas y faenas, como de un grito emocional su existencia y de sus labios brota el fecundo ejercicio de laboriosidad sin treguas.
Piensa y concita también en su interioridad y exterioridad viajar a Puerto Rico, logrando el visado pertinente, y allí compra ropas, enseres y efectos domésticos pagando religiosamente los impuestos en el país, trasladándolos a su ciudad natal, en busca de un mejor modus vivendi para su familia y la educación de sus adoradas hijas, y en San Cristóbal, cual legendaria de esos tiempos, recorre a pie calles, avenidas, callejones, veredas, municipios, secciones, y con bultos en sus manos, hombros y espaldas, cual cruces santificadas, vendía esos productos, desde las horas de la mañana y en la tarde, sudorosa, agotada, hinchados sus pies, cual calvario infinito, llegaba a las viviendas de sus idolatradas hermanos Bombola y Celeste a tomar café y agua, pero antes de salir de su casa, preparaba tasas de jengibre, que llevaba a su también gloriosa hermana doña Luz, pues vivian cerca y ella cruzaba el patio a cumplir esa misión.
Y así, bajo el tesonero influjo de su trabajo y sacrificio, cubre los estudios de sus cinco hijas, a quienes logra hacer grandes, destacadas y brillantes profesionales, enviando a cuatro de ellas a especializarse y post grado en el extranjero en sus respectivas áreas. Luego de estar enferma, la vi un día, faltándome fuerzas y valor para continuar, pero siempre llevaba su nombre en mis oraciones, ante el único que todo lo puede Jesús.
Gladis Nina Vda. Pérez (Ninina), ostenta al bajar la tumba y confundirse con la madre tierra, la corona de inmortal del trabajo, legado moral, porque fue también heroína de los quehaceres y madre, dechado y modelo esplendoroso. Descanse en paz.

