A pesar del considerable aumento de los ingresos fiscales en los 7 últimos años, seguimos arrastrando problemas estructurales propios de países tercermundistas. El problema energético sigue siendo grave, y los cuantiosos recursos asignados a ese sector apenas han servido para cubrir su nómina parasitaria y abonarle a la deuda que arrastra. La criminalidad cruzó el cordón de miseria que bordea los grandes centros urbanos, y se manifiesta ahora en los lugares más insospechados a cualquier hora del día.
A pesar de habernos endeudado tanto del 2004 a esta fecha, y de aumentarnos considerablemente la presión fiscal, el desempleo, generador de enojos sociales, sigue siendo muy elevado. ¿Por qué? ¿En qué invierte el gobierno las recaudaciones que no ha sido capaz de transformar la economía y colocarnos en el camino del desarrollo? Veamos: de 390 mil millones de pesos presupuestados para este año, 111 mil millones se destinaron en gastos de consumo y 78 mil millones en nómina, en tanto que para el 2012 esos dos conceptos se engullirán 126 mil y 86 mil millones, lo que constituye un aumento relativo de 13.26% y 10.99%, respectivamente.
Al presupuesto del Ministerio de la Presidencia del próximo año le subieron 8 mil millones, al de Obras Púbicas 5 mil millones, y al de Asistencia Social 3 mil millones. Si recordamos que el 2012 es electoral, no nos será difícil saber qué se esconde detrás de estos generosos incrementos, ni tampoco por qué a pesar del notable crecimiento de ingresos que se ha verificado en estos 7 años, este gobierno ha sido incapaz de reducir el índice de desempleo, de estrechar las dolorosas desigualdades económicas que prevalecen entre nosotros, y de levar las anclas del subdesarrollo.
