Editorial

A pie juntillas

A pie juntillas

Para los intereses estratégicos de República Dominicana, las elecciones presidenciales del domingo en Haití poseen excepcional importancia, aunque las expectativas no deberían centrarse sólo en quién resultaría electo entre una ex primera dama  y un cantante, sino en  el  ingente reto de que  la magra democracia haitiana, en vez de retroceder, pueda  al menos mudar un paso adelante.

A pesar del esfuerzo que buenos haitianos y la comunidad internacional  encaminan para que los comicios del domingo  constituyan un ejemplar evento cívico,  aún prevalece el temor de fraude y mayor desestabilización política, debido a la escasa cultura democrática del votante y a lo cerrado de la preferencia electoral entre los candidatos Mirlande Manigat, de 70 años, y Michel Martelly, de 50.

A la señora Manigat se le  atribuye experiencia de Estado porque  estuvo al lado del presidente Leslie Manigat y buena relación con  Venezuela, gran cooperante de Haití, mientras que en   Martelly se resalta su   empatía con  sectores populares  y estrechos vínculos con Washington.

Ambos candidatos realizan frecuentes viajes a Santo Domingo en procura de  apoyo político y económico, pero  ha sido difícil precisar cuál de los dos encajaría mejor en los anhelos de una relación fluida y consolidada entre los inquilinos de la Isla Hispaniola.

La mayor preocupación para Estados Unidos respecto a las elecciones del domingo en Haití lo constituye  el anunciado retorno hoy del ex presidente Jean Bertrand Aristide, tras  siete años de exilio en Sudáfrica, a donde fue a parar después que Washington promovió su expulsión del poder  en 2004.

La Casa Blanca  ha reclamado  al ex mandatario que postergue  su  regreso hasta después de los comicios al alegar que  su presencia en Haití constituye un factor de desestabilización y pondría en peligro el desarrollo de la segunda vuelta electoral.

Llama la atención que el Gobierno estadounidense  objete  el retorno a su país de un ex presidente constitucional, al definirlo como un peligro para la democracia, sin decir lo mismo del antiguo dictador  Jean Claude Duvalier, que regresó a Puerto Príncipe sin problemas a pesar de que  en su contra pesan acusaciones de prevaricación.

Gobierno y sociedad dominicanos están compelidos  a seguir a pie juntillas las elecciones  del domingo en Haití, en  el entendido de que  el resultado de ese evento  será determinante  en el futuro de las  complicadas relaciones  con  el atormentado vecino.

El Nacional

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