Opinión

A RAJATABLA

A RAJATABLA

No conozco un solo caso en el que  persona física o jurídica  acepte sin  enojo que le apliquen algún impuesto  directo o indirecto aun  sea necesario o imprescindible, por lo que el debate  en torno al paquete  impositivo que  el Gobierno ha enviado al Congreso debería centrarse  establecer si el remedio puede ser peor que la enfermedad, es decir,  que si por  suplir un déficit fiscal acarrearía daños mayores en los órdenes económico y político.

Aunque nadie puede impedir que la oposición  procure obtener provecho electoral a tan  traumática iniciativa, bien vale prevenir a la ciudadanía sobre lo nocivo que  resulta una discusión sesgada sobre un tema del que depende- lo ha dicho el  representante del FMI-  la ejecución del Presupuesto 2011 y por consiguiente la estabilidad de los indicadores básicos de la economía.

El proyecto de Reforma Fiscal incluye gravar  los activos de la banca múltiple, a las bancas de apuestas y  a las propiedades inmobiliarias definidas como suntuarias, por lo que se estima que no tendrían efectos mayores sobre el índice general de precios, aunque sí sobre  las actividades productivas.

En un principio, la dirección del Partido Revolucionario (PRD) negó que ese ramillete de  reforma fiscal fuera sugerido por el FMI, pero el propio  jefe de la misión de ese gendarme,  Alejandro Santos, advirtió que la no aprobación de esos gravámenes  traería “consecuencias preocupantes”.

Para que se tenga una idea, el presupuesto de ingresos para  este año en números redondos es de 293 mil millones de pesos y  el gasto  aprobado  asciende a  326 mil millones,  dividido en 249 mil  en gastos corrientes y 77 mil en gastos de capital.

El Presupuesto General del Gobierno Central asciende a 390 mil 475.7 millones, por lo que la ley señala que el déficit o faltante asciende a 33 mil 547.9 millones. Ese déficit se cubriría, según la ley, con un financiamiento  de 97 mil millones, el restante de los cuales cubriría el pago del servicio de la deuda externa correspondiente a 2011, 63 mil millones.

El impacto del alza  en  el precio  del petróleo marca la diferencia  entre  el déficit fiscal calculado en  33 mil millones (1.6% del PIB) y la imposibilidad de cumplir esa meta, sin el concurso del paquete fiscal. Mencionar  la reducción del gasto público, es quimera, pues  ya el Gobierno lo redujo en un 12% y  suspendió  la inversión en nuevas obras públicas.

Una reforma fiscal es trago amargo, pero peor sería un rompimiento  del acuerdo Stand by con el FMI, que significaría el fin de una estabilidad económica, cuyo sostenimiento ha significado la acumulación de enormes riquezas y utilidades para el mentado sector productivo nacional.

El Nacional

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