Tragedia y dolor persiguen indistintamente a Nelson Mandela, símbolo mundial contra la segregación racial, quien el viernes no pudo participar en el acto inaugural del Mundial de Fútbol, en Johannesburgo, por la muerte de una biznieta, en un accidente de tránsito. Esa tragedia ha lacerado de nuevo el corazón del patriarca, impedido de asistir a lo que sería un homenaje universal a su figura histórica.
Sudáfrica fue escogida sede de la Decimonovena Copa del más popular deporte del mundo como tributo a un pueblo que pudo liberarse del apartheid, la más cruel y vergonzosa forma de dominación del hombre por el hombre.
Pude ver de lejos a Nelson Mandela durante su visita a Nueva York, tras su liberación de las ergástulas del régimen segregacionista, donde permaneció por 27 años, y créanme que fue ese un gran privilegio que compartí con decenas de miles de neoyorquinos que lo victorearon a su paso por el Bajo Manhattan.
Hace más de 50 años que Mandela había instalado en Johannesburgo la primera oficina de abogados negros y promovía la aprobación de un estatuto político llamado Carta de la Libertad, que proclamaba para Sudáfrica un Estado multirracial, igualitario y democrático.
Después de la matanza de 1960 y de la creación del régimen de cantones para segregar a los negros, Mandela y el Congreso Nacional Africano (ANC, en inglés) comprendieron que no era posible derrocar al Apartheid con el impulso de la lucha pacifista heredada de las enseñanzas de Ghandi, por lo que ese movimiento se involucró en acciones de fuerza contra el gobierno racista.
Mandela permaneció 27 años en prisión sin ceder ni un ápice a las pretensiones del gobierno sudafricano para que aceptara la libertad bajo la condición de refugiarse en un cantón de negros, hasta que la presión interna y externa obligó al presidente Frederick De Klerk a ordenar su libertad y convertirlo en interlocutor para negociar el fin de la segregación racial.
Al convertirse en primer presidente negro de Sudáfrica y a pesar de tanta persecución y sufrimientos, Mandela promovió una política de reconciliación nacional y mantuvo a De Klerk, con quien compartió el premio Nobel de la Paz, como vicepresidente de la República.
La inconducta de Winnie, su esposa y compañera de su lucha, fue otro motivo de sufrimiento para Mandela, cuyo hijo Makgaho, murió de Sida en 1995. Hoy su corazón se desgarra por la trágica muerte de la niña Zenani, su biznieta, lo que le impidió asistir a la inauguración del Mundial de Fútbol.
Con la fiesta deportiva de Sudáfrica, la humanidad rinde tributo a uno de los personajes vivos más relevantes de la historia, quien, a pesar del dolor, tararea la canción del Mundial: ..tiamina mina zangalewa/ hay que empezar de cero para tocar el Cielo

