Lo que aquí cuento no es fácil de comprobar, pero se trata de una versión fehaciente, transmitida de boca en boca, que sirve como radiografía de un medio político selvático donde debajo de cualquier yagua se cobija tremendo alacrán.
Tres o cuatro días antes de partir en visita oficial de dos semanas a España, el presidente Fernández recibió seguridades de que los trabajos de la Asamblea Revisora marcharían al cual lo planeado, sobre la base de una mayoría relativa de asambleístas que garantizaba la aprobación de una Constitución liberal y progresista.
Aunque se dijo que esa mayoría tenía incluso un sobrante de tres votos, el mandatario optó por gestionar amarras adicionales y convocó al Palacio Nacional a la Dirección en pleno del Partido Reformista junto a sus 19 asambleístas, quienes- con excepción del secretario general, que al parecer no fue invitado, para plantearle la necesidad de respaldar el proyecto de reforma constitucional apadrinado por el Ejecutivo.
Ya el Presidente tenía informe de que algunos legisladores del PRSC preparaban maletas para irse al PRD, donde el ingeniero Miguel Vargas Maldonado les había prometido garantía de que serían postulados por ese partido a cargos de síndicos, diputados y senadores.
A pesar de que ese encuentro transcurrió de lo más bien, con promesas de que se mantendría respaldo en la Asamblea Revisora al proyecto original de reforma constitucional, con excepción del artículo 30 sobre derecho a la vida, al otro día, el secretario general ausente se convirtió en cronista del encuentro y dijo que a los reformistas les habían ofrecido, en términos de candidaturas y prebendas, mucho más de lo que pudo ofrecer el bando perredeista.
Esa mentira repetida levantó el avispero en un sector de la bancada peledeista que no acudió a la sesión siguiente de la Asamblea Revisora en evidente señal de disgusto por el supuesto privilegio del Presidente a favor de los reformistas, aunque algo más profundo parecía tejerse detrás del telón.
A punto de develarse la trama, uno de los principales Judas del lado colorao, tras largo periplo de inauguraciones en inauguraciones, pudo hablar con el Presidente a quien juró fidelidad por los siglos de los siglos, con la expresión aquella de Presidente, míreme a los ojos, yo estaré a su lado siempre. A los pocos días, ese rabino anunció su pase al PRD.
El plan verdadero, esculpidos por manos tenebrosas, era el de jubilar al Presidente Fernández de la actividad política, mediante la conservación en la Constitución del Nunca más, con lo cual se descartaba la posibilidad de que el jefe de estado pudiera regresar en el 216 ni jamás. Para conseguir la mayoría requerida ese despropósito, que se perpetraría cuando el Presidente estuviese en Madrid, se intentó confluencia de votos, perredeistas, reformistas y del propio PLD. He ahí la razón del pacto entre Leonel y Miguel, que la Asamblea Revisora ha ratificado por el bien de la democracia.

