Opinión

A rajatabla

A rajatabla

 El gobierno marcha viento en popa con programas de políticas públicas que impactan positivamente sobre la economía y fungen como quimioterapia para anular células malignas que sustentan el cáncer de la pobreza, pero no siempre se navegará sobre mares tranquilos, porque se pronostican tormentas que se forman en aguas profundas y obligan a la tripulación a trabajar intensamente bajo el mando único de su capitán.

De inmediato, se requiere equilibrar sobre el navío de la nación el pesado fardo de injusticia que  durante muchos años ha sido atisbado sobre un solo lado de la embarcación hoy en peligro de ladearse hacia la ingobernabilidad o de encallar en  pantanos de anarquía.

Más que solearse en las sucesivas victorias,  el gobierno debería  prepararse para  grandes batallas todavía por venir, a sabiendas de que  el Estado Mayor, que es el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y el Ejército, integrado por  todo el pueblo, confían en la calidad y capacidad de su comandante en jefe para emprender las grandes transformaciones que aguarda la nación.

En esta gran marcha de cuatro años, no hay espacio para  que oficiales o soldados fomenten formas de  división o malquerencia al interior de las tropas o de  fuerzas aliadas, ni que  nadie  crea  que tras la refriegas se  repartirá algún botín de guerra o que se produzcan tipos de alianza filistea con lobos disfrazados de ovejas.

La mayoría del pueblo dominicano escogió libérrimamente  a Danilo Medina para capitanear la nave nacional que surca hoy mares procelosos, y también para  liderar una revolución social basada en justa distribución del ingreso público y en liberar de la miseria a un millón 400 mil dominicanos, por lo que no hay lugar para  vacilaciones ni traiciones.

Quienes dentro del PLD aspiren relevar en 20016 al presidente Medina, deben demostrar hoy disciplina política,  vocación de unidad partidaria, obedecer con humildad y decoro las directrices del comandante en jefe y del Comité Político y no hacerse el gracioso ante bufones y titiriteros que procuran distraer al Gobierno y al Partido del sagrado compromiso de liberar al pueblo dominicano de la miseria y la ignorancia.

El presidente Danilo Medina  se erige hoy como el mejor ejemplo de  lealtad y unidad partidaria, pues  a pesar de las contradicciones que afloraron por candidaturas electorales, siempre obedeció  al centralismo democrático y nunca fomento tropismo ni  pudo en peligro el principio de unidad en la diversidad.

El programa y la acción de gobierno de Danilo Medina es  la misma  que promueve el PLD, un partido inmerso en su  séptimo congreso Comandante Norge Botello, llamado a impulsar grandes transformaciones intrapartidaria  que servirán para  fortalecer a una gestión gubernamental socialmente revolucionaria y políticamente  ética.

El Nacional

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