Mis días con Juan Bosch
Ahí estaba él a la hora convenida, en la esquina de las calles respaldo José Martí y 42, con su acicalada cabellera canosa y reluciente chacabana blanca. Durante más de una semana trabajamos para que ese momento llegara sin ningún contratiempo. Me tocó estar a su lado en el primer tramo de su caminata por las callejuelas del barrio Capotillo. Eso fue hace 32 años.
¡Hey, miren a Juan Bosch, ese es Juan Bosch!, exclamaba la gente al paso de un líder político para quien sonrisa, apretón de manos o el abrazo efusivo de hombres, mujeres y niños de esa barriada parecía rejuvenecerlo.
Previo a ese esfuerzo concentrado, miembros y circulistas del Comité Intermedio Rafael Fernández Domínguez hicimos un censo, casa por casa del trayecto que recorrería el profesor para poder levantar informaciones sobre seguridad, simpatía o desafectos hacia él o el Partido de la Liberación, con apenas algunos años de fundado.
Las familias que los compañeros habían excluido de la visita casa por casa de don Juan, eran las más entusiastas en querer abrazar y conversar con él, que nunca atendió los requerimiento de prudencia o de no ingresar a un lugar de inquilinos supuestamente hostiles.
Ese día los compañeros estábamos felices porque la actividad que nos encomendaron fue exitosa y porque la población del lado norte del barrio Capotillo, virtualmente se tiró a las polvorientas calles para abrazar, saludar y conversar con un verdadero prócer de la República.
Otro esfuerzo concentrado, que la dirección del Partido nos encomendó se realizaría hacia la zona del Capotillo que hace frontera con el barrio Simón Bolívar. Igual que el anterior, el Comité Intermedio preparó toda la logística para lo que debía ser otro encuentro fraterno de don Juan con su pueblo.
Cuando el vehículo en que iba el líder del PLD cruzó frente al local de la Zona P, del PRD, alguien desde su interior gritó ¡Juan Bosch, ladrón! expresión calumniosa y afrentosa, que motivó que don Juan ordenara detenerse para llegar al lugar de donde salió el improperio.
Bosch ingresó al local con el propósito de cobrar la ofensa, pero el individuo huyó como guinea tuerta, aunque los directivos allí presentes presentaron sus disculpas. Al reivindicar su honradez personal, don Juan proclamó allí que durante su gobierno ni robé ni maté.
Al conmemorarse el centenario de su natalicio, rememoro mis días con Juan Bosch, cuya obra política, literaria y su vida personal constituyen valioso ejemplo de patriotismo, humildad y sacrificio, que ha de servir como faro y camino a generaciones presentes y futuras.

