Muy poco hizo la izquierda para que su militancia estudiara de manera sistemática la historia dominicana y asimilar así los diferentes acontecimientos, vincularlos junto a sus protagonistas a la dinámica de la lucha de clases y sobre esa base más el estudio de de la realidad y perspectiva de la economía, poder elaborar políticas que armonicen táctica con estrategia.
Cualquier joven de barrio, pequeño burgués con ínfula de proletario, recitaba pasajes de El Capital, o el 18 Brumario de Luis Bonaparte, o Así se Templó el Acero y muchas otras obras que se leían en las aulas y en los sindicatos.
Los partidos de izquierda promovían y difundían textos políticos, económicos e históricos que se correspondían con realidades de Asia y Europa oriental, pero estaba vedado siquiera revisar un libro de algún autor latinoamericano, la mayoría tildado de burgueses imperialistas, revisionista o al servicio de La Habana o de los revisionistas soviéticos.
El Partido de la Liberación (PLD), fundado por el profesor Juan Bosch en plena guerra fría, se convirtió en la primera organización que diseñó y aplicó un programa de enseñanza y formación a sus militantes que incluyó un minucioso estudio de la historia dominicana y de la configuración social y económica del país.
Pero, además, la dirección del PLD aplicó el método de unificación de criterio, mediante el cual, los miembros y circulistas se obligaban a debatir a fondo el contenido de cada uno de los 21 folletos de estudio, de modo que el razonamiento se imponía a la lectura simplemente recitada y así, por ejemplo, un obrero, un médico, un comerciante y un profesor de escuela poseían el mismo nivel básico de formación política y comprensión de la realidad dominicana.
A esa abismal diferencia en el plano de la educación política, atribuyo el hecho de que el PLD ha alcanzado el poder en cuatro ocasiones y la izquierda aun no obtiene cien mil votos en elecciones presidenciales. Ayer fue imposible imponer la dictadura del proletariado, porque no teníamos una clase obrera para sí; hoy cualquier bufón que aparece más de dos veces en los periódicos se cree líder superior a Fidel Castro o Mao Tse Tung, con calidad para ser presidente de la República.
El PLD de hoy no es el de ayer, pero las enseñanzas del maestro deben prevalecer, si se quiere que esa organización complete la obra inconclusa de Bosch. Es el tiempo de Danilo y tiempo del PLD, repetirlo es perogrullada.
Todo lo que he dicho sirve de plataforma para deplorar cualquier atisbo de sectarismo, grupismo o individualismo que pueda aflorar en el intestino del partido oficial, porque hoy como nunca, su dirigencia y militancia esta compelida a promover y consolidar la unidad en la diversidad.

