La Unidad del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) debe preservarse, no solo porque es el ente oficial, sino también porque constituye el único partido sobre el cual en términos reales descansa la democracia política de la nación, aun cuando se valoran los aportes de otras organizaciones diezmadas por crisis o desgaste. No hay que ser pitonisa para advertir que si las aguas se salen de cauce en el marco del Séptimo Congreso del PLD o por tempranos binoculares colocados en dirección al 2016, los daños mayores los sufriría el gobierno de Danilo Medina y por consiguiente, el espacio democrático, que sería zarandeado por fiebre de anarquía e ingobernabilidad.
El Comité Político del PLD no debería permitir que una indeseada fisura derribe su fortaleza jerárquica, que ha sido respetada desde el primer el mismo día de la fundación del partido, cuando Juan Bosch dijo que sus integrantes deberían estar preparados para sesionar y dirigir al partido en las peores circunstancias.
Puede decirse que el PLD se ha alejado mucho de la orilla ideológica del comedimiento y ya se acerca a aguas turbulentas del sectarismo, grupismo e individualismo, por lo que el Comité Político está compelido a cambiar proa en dirección a los principios.
Este es el tiempo de Danilo Medina, pues ese prominente miembro del CP fue escogido presidente de la República postulado por ese partido, que está en deber y obligación de ofrecer todo su respaldo al Gobierno que ha prometido una revolución social basada en la justa redistribución del ingreso.
En ningún modo se aspira a que en el PLD se instaure una dictadura interna o a que se consolide un modo de dirección estalinista, pero es menester que dirección y militancia asuman conciencia sobre el compromiso social asignado a esa organización.
El PLD no puede ser solo una maquinaria electoral o una fábrica de presidentes, senadores, diputados, síndicos y concejales; Juan Bosch le asignó la misión de encabezar la transformación económica, social y política de la nación, por lo que cuatro años de gobierno no pueden pasar sin saber que pasaron.
A Leonel Fernández le correspondió rescatar a la economía de la ruina absoluta, promover la modernización del Estado y emprender el más ambicioso proyecto de construcción de obras de infraestructura, así como relanzar a la República hacia el ámbito internacional.
Danilo Medina ha iniciado el periodo histórico cuando Gobierno y Partido patrocinan en términos económicos una revolución social y en términos políticos una revolución ética. Apartarse de esos postulados sería un suicidio para el PLD. A lo que se aspira es a que el próximo congreso convierta al PLD en un ente revolucionario que ayude a completar la obra inconclusa del prócer de la República.

