No se tiene noticia de que un jefe de Estado se haya referido a la crónica crisis del sector eléctrico en forma tan contundente, precisa, decidida y valiente, como lo ha hecho el presidente Danilo Medina, al advertir que no se quedará de brazos cruzados mientras desde el gobierno se transfieren cada año más de mil 500 millones de dólares para beneficio de unas cuantas empresas generadoras de electricidad.
Tampoco se conoce precedente de un mandatario que revela a la nación que choca con intereses muy fuertes que se oponen a los planes del gobierno de cambiar la matriz de generación eléctrica mediante la construcción de al menos siete plantas que operarían con gas natural y carbón mineral.
El presidente Medina ha informado a la nación que sectores muy poderosos o influyentes presionan para hacer abortar la iniciativa oficial de participar de manera directa en la generación de electricidad mediante la construcción de tres plantas y de procurar que las instaladas operen con gas o carbón en vez de combustibles fósiles.
Esas empresas generadoras insisten en señalar que la solución a la crisis eléctrica seria aumentar la tarifa y la cobranza sin necesidad de incrementar el parque energético ni modificar la matriz de consumo de combustible caro por otros más baratos.
Resulta que si el Gobierno acepta esa fórmula letal apadrinada por el Fondo Monetario y el Banco Mundial, las empresas distribuidoras tendrían que aumentar la tarifa eléctrica en un 150 a un 60 por ciento, lo que provocaría un estallido social, quiebra económica e ingobernabilidad.
El Plan de Reforma Integral del sector eléctrico propuesto por la Corporación de Empresas Eléctricas Estatales (CDEEE), incluye un programa de mejoría sostenida en la gestión de cobranza, que se sustentaría en una disminución del precio del kilovatio- hora, que hoy alcanza en algunos escenarios hasta 30 centavos de dólar.
En los últimos siete años, el Gobierno ha transferido al sector generador más de ocho mil millones de dólares, equivalentes a unos 320 mil millones de pesos, que se han ido por un retrete y convertido el negocio de generación eléctrica en el más rentable de toda América.
Esta vez, el presidente Medina y el Gobierno requieren del respaldo explícito, total, incondicional y resuelto de la clase política, el sector empresarial y sociedad civil en este combate final que ha emprendido contra una oligarquía que a través de prácticas desleales subyuga a la población. Esta previsible victoria tendría efectos de una segunda restauración de la Republica.

