Opinión

A RAJATABLA

A RAJATABLA

Cuando se confronta déficit de argumentos o los que pueden exponerse  son raquíticos e insustanciales, los estrategas de  candidaturas retrógradas recurren  a mezclar la teoría del absurdo, que procura contaminar el debate público con mentiras, para confundir, atemorizar más que convencer a un electorado aguijoneado por una crisis global  de la cual la economía  dominicana ha podido  sobrevivir.

Se parte del criterio de que una mentira repetida mil veces podría  convertirse en verdad o tender una  densa humareda  para obnubilar el entendimiento colectivo sobre los temas  esenciales que ante la opinión pública deben   debatir o esclarecer candidatos  y partidos políticos.

A los electores les gustaría conocer  a profundidad y plenitud los planteamientos  de los aspirantes presidenciales  sobre  crecimiento y estabilidad económica, endeudamiento, déficit fiscal, seguridad ciudadana,  corrupción, institucionalidad, inversión extranjera,  seguridad social, entre otros temas.

A Danilo Medida lo hemos escuchado referirse  a las políticas públicas que aplicaría,  pero  don Hipólito Mejía ha centrado su discurso en  enfatizar que la situación  es mala o peor en todos los órdenes.

Con esa teoría del absurdo, se pretende  confundir  al ciudadano ordinario, atemorizarlo o encandilarlo con  música  de demagogia como el mejor de los encantadores de serpientes, sin reparar que  la mayoría de la población económicamente activa  tiene  acceso a la Internet y que casi todos los hogares tienen artefactos (radio, TV, móvil) que les permiten comunicarse con  el mundo exterior.

Es por eso que  las  mentiras o medias verdades quedan al desnudo, aunque mentados equipos económicos intenten convencer a la ciudadanía de que la nación está a punto de  irse por  el despeñadero. Es imposible pintar de negro  la realidad objetiva que sí tiene madre.

Esas casandras han dicho que el endeudamiento externo es insostenible, cuando la verdad es que  el nivel de deuda,  respecto al PIB, es menor hoy que  en el período 2000-2004. Se prueba diciendo que, en septiembre, se pagará la última factura de los 500 millones de dólares  colocados en bonos  en ese período.

La economía,  que en  el 2002 se fue por  el  acantilado,  ha retornado al crecimiento, como lo demuestra el hecho de que las exportaciones  este  año crecieron en un 20 por ciento, se controló el déficit fiscal , se incrementaron las reservas  netas del Banco Central, se estabiliza el tipo de cambio,  se consolida  el sector financiero y  la Unidad de Inteligencia  de Financial Times declara al país como el mejor país para la inversión extranjera, después de Costa Rica.

 Como  al personaje mitológico de Casandra, al candidato  paterno  le  va a ocurrir lo mismo  ante su anuncio repetido  de la inminente caída de Troya, que ningún ciudadano sensato dará crédito a sus vaticinios, porque su don se ha convertido en una fuente de dolor y frustración.

El Nacional

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