La tardanza de Melquíades
Quizás sea por la condición de territorio insular o por el pesado fardo de un histórico pesimismo que la población acarrea por mandato de las élites sociales, pero lo cierto es que con inusitada frecuencia marchamos a la inversa del resto del mundo o llegan tarde los Melquíades.
Las 20 mayores economías, el FMI, Unión Europea, Banco Mundial, bancos regionales, Reserva Federal y el Tesoro de Estados Unidos, coinciden en que la mejor receta para combatir la crisis económica es un remedio antocíclico que consiste en incrementar el gasto público para reactivar la economía.
Estados Unidos, Alemania, Francia, Japón y España han incrementado el déficit fiscal para poder reanimar por vía de la inversión pública en la construcción de obras de infraestructura o en el incremento de los programas sociales.
El FMI ha advertido que la economía dominicana no retornaría al crecimiento pleno a menos que el gasto público se incremente significativamente, por lo que no objeta que el déficit fiscal supere este año el tres por ciento del PIB, en vez de la meta inicial de reducirlo a un 1.7 por ciento.
E entendible, aunque no aceptable, que la oposición procure que las horas del reloj caminen a la inversa, al reclamar que en vez de aumentar, el gobierno reduzca el gasto, pero es imperdonable que el empresariado exija y promueva ese absurdo.
La autoridad Monetaria y Financiera ha aplicado las medidas señaladas en el librito, primero con el freno la aplicación de medidas de constreñimiento a la expansión de las actividades económicas, para prevenir los efectos de la crisis que afloró en Estados Unidos a finales de 2007, y luego con la flexibilización del crédito y expansión del circulante para estimular la reactivación de las actividades productivas.
Resulta que ahora el sistema financiero posee exceso de liquidez como de la liberalización de más de 20 mil millones de pesos en la banca múltiple, lo que ha permitido reducciones significativas en las tasas de interés, pero aun así la economía no ha despegado a la velocidad requerida para rebasar la desaceleración.
El problema está en que el dínamo del sector privado carece de la potencia o voluntad para encender los motores de la economía, por lo que se requiere de la urgente y decidida intervención de la fortaleza estatal como vagón impulsor de la locomotora productiva.
La fórmula para salir de la crisis está claramente definida con el previsto ingreso a la economía de unos dos mil millones de dólares en recursos destrabados por el acuerdo con el FMI y con la colocación de bonos soberanos, así como con ahorros de gastos corrientes que servirán para ejecutar un extraordinario plan de inversiones, que tendrá en el corto plazo el mismo efecto del carro que enciende después que muchas manos lo empujan. orion_mejia@hotmail.com

