La mejor forma de hacer política la constituye el comienzo esta semana de un programa de inauguración de 37 acueductos y plantas de tratamientos en 17 provincias, así como la entrega de la moderna autopista San Cristóbal-Baní. Ese es el camino que deben trillar si apartarse un centímetro el Gobierno y el partido oficial.
Los funcionarios del Gobierno que aspiran a la presidencia de la República no tienen que recorrer desde ahora la geografía nacional en labores proselitistas ni ofrecer villas y castillas, sino trabajar incansablemente en las tareas atinentes a sus responsabilidades.
Tampoco parece gracioso que aspirantes presidenciales que no forman parte del Gobierno promuevan sus aspiraciones bajo la promesa de que realizarían una gestión muy diferente a la que hoy auspicia su partido, porque si así fuera, mejor sería que la gente vote por la oposición y problema resuelto.
La lucha del partido morado no parece ser contra un PRD sin horizonte a la vista, carente de oferta política valida o viable, diezmada por el virus de la división; el PLD y su gobierno combate contra sí mismo y contra el tiempo.
El futuro electoral peledeista está vinculado a lo que haga o deje de hacer el Gobierno en lo que resta de año y en 2011, ya no para garantizar estabilidad macroeconómica ni retorno al crecimiento, porque eso ya lo logro, sino para promover una redistribución del ingreso cercana a la equidad social.
Los funcionarios peledeistas están obligados a mejorar los servicios hospitalarios, la calidad de la educación básica, ampliar el programa Solidaridad, aplicar un ambicioso programa de construcción de caminos vecinales y saneamiento de los de cañadas, impulsar a las pequeñas y medianas empresas, promover viviendas populares.
Se requiere que todos los equipos de Agricultura, Indhri, Obras Publicas, de los ayuntamientos, de la Oficina de Obras del Estado trabajen las 24 horas a favor de la población pobre y marginal y que los funcionarios se olviden de los placenteros fines de semana y se pongan a trabajar o que ¡renuncien!
A la sociedad le consta que el presidente Leonel Fernández es un ejecutivo trabajador, creativo, preocupado, con una intensa agenda de actividades que procura atacar todas las urgencias nacionales, pero el mandatario requiere que sus colaboradores trabajen como él, todos los días del calendario, hasta el cansancio.
La lucha del Gobierno y del PLD- insisto- es contra el tiempo y contra sí mismo, siendo el arma más poderosa para vencer la vocación de trabajo, la sensibilidad política, el espíritu de sacrifico y un profundo amor y respeto por el pueblo. Quien no pueda o no quiera completar la gran marcha, que se aparte del camino.

