La historia consigna ya como obras resaltantes o positivas en los gobiernos de Joaquín Balaguer las construcciones de hidroeléctricas, canales, carreteras, y el tema de la reforma agraria; de Antonio Guzmán, la ley de amnistía a los presos políticos y retorno de los exiliados, así como el programa de Boticas Populares.
Resulta difícil identificar acciones o políticas públicas singulares en las gestiones perredeistas de Salvador Jorge Blanco e Hipólito Mejía, cuyos gobiernos podrían ser recordados por la fatídica matanza de abril del 84 y por el descalabro de la economía y del sistema financiero, en 2003.
Sin pretender juzgar la gestión de 12 años del presidente Leonel Fernández, de justicia seria decir que ha sido la mejor desde el derrocamiento del gobierno democrático de Juan Bosch, hace casi cincuenta años, porque en esas administraciones la sociedad experimentó grandes transformaciones en términos de infraestructura y del ensamblaje jurídico político de la nación.
Si Balaguer fue un gran constructor en 22 años, Leonel lo ha sido más en poco menos de la mitad de ese tiempo, pero la gestión peledeista supera a la reformista en la consolidación del espacio democrático y la modernización del Estado.
La historia consigna a don Antonio Guzmán como el precursor de la nueva democracia, a Balaguer como el gran constructor y a Fernández como el gran modernizador.
Los biógrafos de Balaguer dirán en su favor que gobernó durante los años más cruentos de la guerra fría, por lo que no pudo ahondar en materia de institucionalidad; los de don Antonio resaltarán el valor de ese gobernante, que desmanteló una estructura político militar heredada de Trujillo.
De Leonel Fernández se podrá decir que figura, junto a Bosch y Espaillat, entre los presidentes más civilistas de la historia republicana, y que ha sido el padre de las grandes transformaciones y el mentor del crecimiento económico y modernidad de la infraestructura nacional.
Dentro de once días, la banda presidencial será colocada en el pecho del licenciado Danilo Medina, veterano dirigente forjado en la escuela boschista, con experiencia de Estado y reputado como dirigente metódico, sensible, leal, valiente y responsable, por lo que el destino le confiere la oportunidad de ocupar un lugar de preferencia en la historia.
He dicho y reitero que el gobierno de Danilo Medina tiene la honrosa oportunidad de ingresar al parnaso histórico como la gestión que promovió autentica justicia en la redistribución del ingreso, que transformó para bien el sistema educativo, que resolvió la crisis eléctrica y que impulsó la micro, mediana y pequeña empresa y redujo a su mínima expresión el desempleo. Apuesten a él.

