No soy el primero ni seré el último en afirmar que la repostulación presidencial no constituye un problema moral ni ético, sino un asunto de conveniencia o no conveniencia política, que en un momento históricamente determinado puede chocar con la Constitución de la República, como sería en caso de que el presidente Leonel Fernández decida optar por otro período de gobierno.
La repostulación primero y la reelección después quedaron satanizadas ante la percepción ciudadana porque la mayoría de los jefes de Estado que la han procurado han actuado con malas artes.
En los últimos ochenta años, los presidentes Horacio Vásquez, Rafael Trujillo, Joaquín Balaguer e Hipólito Mejía, forzaron estructuras jurídicas y políticas para imponer reelección o extensión del período, lo que ocasionó graves crisis. En el caso de Vásquez su interés de permanecer en el Poder abrió compuertas a la tiranía de Trujillo.
Balaguer logró reelegirse en cuatro de cinco repostulaciones (1970, 1974, 1986, 1990, 1994). La Constitución no prohibía la reelección, pero las elecciones que ganó fueron señaladas como fraudulentas y se acusó a su gobierno de uso en su provecho de represión y fondos públicos.
En la vorágine de una crisis económica sin precedentes (2002-2004), el presidente Mejía intentó reelegirse contra viento y marea. Hizo remendar la Carta Magna para que le permitiera lo imposible, lo que agravó la situación de insolvencia generalizada y allanó el triunfo electoral del doctor Leonel Fernández.
En el año 2004, el presidente Fernández se presentó a la reelección y ganó las elecciones con el 54 por ciento de los sufragios emitidos, lo que demostró que la repostulación presidencial no constituye una afrenta moral o ética, sino una decisión política que puede acarrear consecuencias negativas o positivas, según el caso o las circunstancias.
Oposición y gente de academia invalidan la legitimidad de la Constitución votada el 26 de enero, porque no fue elaborada o modificada por una Asamblea Constituyente, aunque los asambleístas que refrendaron ese texto fueron escogidos en elecciones libres y concurridas.
Ahora, de manera mecánica, se pretende imponer un valladar a una posible repostulación del presidente Fernández bajo el hecho cierto de que el articulo 124 de la Constitución prohíbe la reelección consecutiva. Es decir que esa gente invoca ahora un texto al que le niegan legitimidad.
Lo mejor sería que, en caso de que el presidente Fernández decida intentar la repostulación, se remita la potestad de rechazar o aceptar ese pedido a la población votante por medio de la figura del Referéndum (artículo 271). Porque, después de todo, el poder nace y radica en el pueblo.

