Opinión

A Rajatabla

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Don Hipólito Mejía tilda de  “medida politiquera para asustar a la gente” el traspaso a la Policía de mil 500 militares destinados a reforzar el patrullaje y sostiene que  esos guardias se cansarán en 15 días porque no están hechos para ese tipo de actividad, aunque no ofrece  receta alguna de cómo  enfrentar la delincuencia. Es verdad, como dice don Hipólito que los guardias no han sido  adiestrados en tareas policiales, pero nadie en el PRD le ha dicho que  el contingente  trasladado a la policía recibe entrenamiento  en la academia policial de Hatillo en todo lo relacionado a cómo  abordar casos de prevención o persecución de crímenes y delitos. El candidato del PRD  cuenta que cuando fue presidente de la República mandó a los guardias a patrullar  las calles, pero tuvo que retirarlos porque “se cansaron”, por lo que vaticina que esta vez  también será un fracaso su inserción en tarea de  garantizar orden ciudadano, pero resulta que  esos mil 500 militares han sido  trasladado  a las filas de la Policía para que se entrenen y actúen como tales.

Los militares no  sirven para prevenir o contener el crimen, pero son útiles para enviarlos a pelear a diez mil kilómetros de distancia, en el desierto, sin saber porqué y contra quien se declara la guerra, como  dispuso el Gobierno de don Hipólito al mandar 300  soldados a  combatir en  Irak por unos dólares más. Esos guardias se cansan de patrullar en barrios y sectores residenciales, pero  son efectivos si se  le ordena  reprimir a la población como ocurrió en 1984, cuando las tropas  mataron a más de 125 personas, la mayoría mujeres, con disparos certeros en la cabeza o el corazón, para contener una poblada después de Semana Santa.

Los guardias no sirven para cuidar a la gente pero sí para interrogar  durante horas a periodistas, como  fueron los casos  de comunicadores mandados a trancar en  ergástulas del departamento Nacional de Investigaciones (DNI)  para ser investigados por personal militar.

La inserción de militares, previamente entrenados en técnicas policiales, no procura  asustar a la gente, como  refiere don Hipólito, porque  esos efectivos salen a las calles vestidos de policía y no de guardia y porque  ese traslado es la forma más rápida e idónea de contener  el auge de la delincuencia, tal y como lo procuró  el exmandatario durante su gobierno. El tema de la criminalidad no debería ser objeto de burdo tratamiento electorero, menos por un candidato presidencial que ocupó ya la presidencia  de la República, que ahora  sostiene que los guardias se cansan en las calles, aunque no le tembló el pulso para mandarlos al desierto.

En lo personal, le profeso respeto y aprecio a don Hipólito, quien por muchos años  me honra con su amistad, pero esta vez no  he podido obviar mi responsabilidad de salirle al frente a un desaguisado suyo que  agrede la moral militar y debilita la necesaria lucha contra la delincuencia y la criminalidad.  

El Nacional

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