Opinión

A RAJATABLA

A RAJATABLA

Un  ejemplo de objetividad, según Wikipedia, sería decir “las hojas de las plantas con clorofila son percibidas visualmente casi siempre de color verde”, mientras que subjetivo sería afirmar “las plantas  cuyas hojas son de color verde, visualmente son hermosas”, lo que quiere decir que lo objetivo es inherente a la verdad, independiente a la voluntad de cada quien, y lo subjetivo conlleva una carga de interés,  sentimiento o pasión de quien percibe una realidad.

Objetivo y  subjetivo se presentan como términos contradictorios en  sociología y psicología, pero llegan a  armonizar cuando se abordan realidades  políticas, donde uno y otro combinado asumen papeles protagónicos en la dinámica de la trasformación social.

El método marxista de  análisis e investigación se vuelve ortodoxo, inflexible o esquemático al  advertir que la realidad objetiva es una  e indivisible que no debe  sufrir ningún tipo de distorsión relacionado con  una visual predeterminada por intereses de clases.

Sin pretender contradecir  al autor de  “El Capital”, es menester decir que la dinámica del mundo hoy gira más en torno a  privilegiar la percepción sobre la realidad objetiva, a tal punto que la economía mundial se cimenta en la especulación o en la alteración superficial de la realidad objetiva.

La reflexión precedente sirve para  afirmar que  el programa de austeridad anunciado esta semana por el presidente Danilo Medina  se corresponde con el sentido de la oportunidad que solo resulta  cuando la realidad  subjetiva y la objetiva  se  alinean en la misma dirección.

Prohibir las tarjetas de crédito abierto, los carros de lujo, los viajes  al exterior, los almuerzos y recepciones y todo gasto dispendioso en la administración pública, son medidas urgentes hoy y lo fueron ayer, pero Medina puede aplicarlas ahora porque están dadas las  circunstancias objetivas y subjetivas para hacerlo.

¿Debió el presidente Leonel Fernandez aplicar esas restricciones en el último tramo de su gobierno? La respuesta lógica parece ser lo afirmativo, pero ante la interrogante ¿podía?, la contestación seria que no, porque no estaban dadas las condiciones  de referencia.

Las condiciones objetivas y subjetivas, o lo que los marxistas definen como “momento históricamente determinado”, están dados para que Medina lidere desde el poder lo que ya se define como  un proceso socialmente revolucionario y políticamente ético, en el que se inscribe el programa de austeridad y transparencia.

Ojalá que los funcionarios nombrados o  confirmados  entiendan y asimilen  los alcances de  ese proceso que se aplica sobre la alfombra de las transformaciones jurídico políticas que  auspició la anterior administración, porque, si no es así, serán excluidos del escenario público por el propio presidente o por la indetenible vorágine de la historia.

El Nacional

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