Opinión

A rajatabla

A rajatabla

Antes se decía- y con razón- que la dominicana era políticamente una sociedad atrasada, pues el pueblo no podía discernir sobre los complicados vericuetos de la política y del Estado, aunque se reconocía la sabiduría innata de la población, que podía identificar a leguas a un  político sinvergüenza, pero no podía impedir que asumiera posiciones de poder en el Gobierno.

Cuando ajusticiaron a Trujillo,  la mayoría de la población rural andaba descalza y más de la mitad era analfabeta, pero aun así esa sociedad produjo el hecho histórico más trascendente de la segunda mitad del siglo pasado: la decapitación de la tiranía.

Juan Bosch, cultor de la democracia  y maestro de la política, cumplió una  gran cruzada de  educar al pueblo en términos políticos y de entrenar a más de una generación  en ese difícil quehacer, siempre basado en el principio de que  es un apostolado para servir a los ciudadanos y no para servirse a sí mismo.

Hoy, el mundo es otro y la sociedad dominicana es diferente.

Miles  de jóvenes están becados en universidades nacionales y extranjeras y cualquier mozalbete se conecta   al mundo exterior  vía Internet y está al tanto de  acontecimientos importantes  en Estados Unidos, Latinoamérica, China, Rusia, Europa o cualquier lugar del planeta.

Hay jóvenes profesionales expertos en casi todas las áreas, lo que quiere decir  que la sociedad de hoy es infinitamente diferente a la que a abordaron   Bosch, Pena Gómez y Balaguer.

El discurso político  no se corresponde con la realidad citada. Está cargado de improperios, adjetivismo, mentiras, tremendismo,  mezquindad…, y esto aleja a los jóvenes se alejen de la actividad política. El quehacer más digno de ocupar la mente, después de la filosofía, se ha convertido en chercha de ignorantes y perversos.

En algunos partidos, alumnos aventajados de Bosch y Peña Gómez han sido  desplazados por  jinetes del Apocalipsis, gente sin talento ni escrúpulo, que creen que el ejercicio político es igual a importar una muñeca Barbie  por unos cuantos dólares para venderla  por  miles de pesos.

En  el PRD,  su dirección estuvo compuesta por gente  con gran vocación patriótica y capacidad política,  con extenso currículo académico o dilatada  trayectoria para merecer el aprecio público.  Esa pléyade de dirigentes, ha sido desplazada por   improvisados que  han impuesto un tipo de pragmatismo oportunista.

El PLD  acusa, aunque en menor grado,  la enfermedad que corroe la piel y los huesos del PRD, pero su dirigencia al menos guarda un nivel de aparente  cercanía con los principios de su líder, aunque   no pocos marchan en dirección contraria.

Es hora de  que auténticos hijos de Bosch y Peña Gómez  desalojen a los mercaderes de esos templos, construidos para completar la obra de Juan Pablo Duarte.

El Nacional

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