He sostenido que el Gobierno de Danilo Medina tiene el compromiso de promover una revolución social por vía de políticas públicas que garanticen justa redistribución del Ingreso, que impacten en la disminución de la pobreza, por lo que considero que el programa de promoción de la micro, pequeña y mediana empresa, anunciado el jueves, constituye el inicio de ese gran propósito.
No es solo por los diez mil millones de pesos disponible para financiar ese ambicioso plan, sino por la filosofía que lo sustenta, la de garantizar la presencia y asistencia del Estado como aliado estratégico de miles y miles de familias que procuran abrirse paso hacia la prosperidad a través de iniciativas de negocios.
El hecho de que el presidente disponga revisar la ley de contrataciones y compras del Estado para garantizar que las Mipymes desempeñen el rol de auténticos suplidores del 20% de los bienes y servicios que requieran las instituciones públicas, refleja auténtica voluntad política de promover equidad.
Acceder al crédito bancario para capitalizar pequeños y medianos empresas es una manera de promover revolución social desde el gobierno, como también lo es el proyecto de capacitación que emprenderán los ministerios de Educación Superior, de Industria y Pymes y el Instituto de Formación Técnico Profesional (Infotep), el Ministerio de Industria y Pymes.
¿Qué decir del Banco Solidario? Es un ente financiero que inicia con capital de mil millones de pesos para prestar con garantía de pelo de bigote a tanta gente deseosa de impulsar empresas de subsistencia, que con 15, 20 o 50 mil pesos son capaces de llegar más lejos que Donald Trump.
Gran parte de los 400 mil nuevos empleos prometidos por Medina van a salir en uno o dos años de esta trascendente iniciativa que, en término de crecimiento y expansión, no conoce límites ni techo.
La democratización del crédito precede a la revolución social, porque de lo que se trata es de proveer a un pequeño empresario del capital mínimo para que su negocio crezca y se expanda. Si esa gente tiene la doble condición de producir y aconsumir, base fundamental para el desarrollo de una sociedad de oportunidades, que beneficia también a grandes empresarios y al sector financiero porque, además de adquirir capacidad de consumo, se convierten en enorme franja bancarizada, es decir sujetos de crédito para los bancos.
Por lo que he dicho y por muchas cosas más, hay razones para proclamar que la revolución social prometida por el presidente Medina comenzó formalmente con el alentador programa de fomento a la micro, pequeña y mediana empresa, un proyecto que debería ser cuidado, alentado y protegido por Gobierno y sociedad, como niñas de propios ojos.

