El concepto de libertad individual se asocia al derecho ciudadano de acceder a información precisa, verídica y de calidad, aunque la interpretación de los contenidos sea divergente, porque la luz- se ha dicho- proviene del choque de ideas u opiniones. Aunque el Gobierno es siempre el primer sospechoso de maniobrar la comunicación en su provecho, la verdad es que un cuasi oligopolio económico controla el mayor flujo, intensidad y direccionalidad de la información opinión a través de los principales medios.
En República Dominicana se disfruta de plena libertad de prensa y de empresa, pero es todavía quimera el derecho a recibir información de calidad o con la menor contaminación posible, o siquiera la prerrogativa de comparar una crónica periodística con otra que aborda un mismo tema, porque ambas provienen de un mismo cordón de intereses.
El ejemplo para sustentar lo que escribo es el debate sobre déficit fiscal, gasto público, reforma fiscal y gastos tributarios, temas muy técnicos, pero también muy políticos, que se pretenden mercadear con color y textura que mejor convenga a intereses corporativos y partidarios.
Sobre el déficit fiscal, se ha llegado a situarlo en 140 mil millones de pesos, pero una simple comparación de esa estrambótica cifra con los cien mil millones que significa el 4% del PIB a la educación, diríamos que representa un 4.4% del PIB, muy por encima del 3.3% que lo señala el FMI, por lo que, en términos absolutos, el déficit fiscal no sería mayor a 80 mil millones de pesos.
Esos intereses políticos y corporativos manejan los términos déficit y gasto como una misma cosa, por lo que siempre se dice que el dispendio ha sido la causa de la crisis fiscal, pero la verdad ha sido que casi 50 mil millones de pesos (más del 2% del PIB) del monto del déficit han sido transferencias a la Corporación de Empresas Eléctricas Estatales (CDEEE) para cubrir deudas con los generadores.
Una parte de ese déficit (quizás 30 mil millones) se relaciona con un formidable programa de inversión pública que ayudó a movilizar a la economía mediante la construcción de obras de infraestructura que tienen capacidad de repago, como autopistas, acueductos, presas, escuelas, hospitales, complejos deportivos viviendas y la segunda línea del Metro, por lo que no debe confundirse con dispendio del gasto.
Ese déficit evitó que la economía se congelara o cayera en recesión, como ha ocurrido en el sur de la Eurozona, cuyas economías han sido sometidas a férreos programas de restricción fiscal, como la historia del burro al que se ensena a no comer, pero se muere de hambre. Más adelante, me referiré a reforma Fiscal y Gastos tributarios, dos términos objeto de grosera manipulación

