Opinión

A RAJATABLA

A RAJATABLA

Al exponer ante constructores y promotores inmobiliarios, el presidente Danilo Medina  reveló que el 56 por ciento de la población económicamente activa percibe salario por debajo de los diez mil pesos mensuales y que con tan magros ingresos es imposible que una familia pueda adquirir una vivienda aun de bajo costo.

Puso el índice sobre una herida al  señalar que “nadie quiere sacrificar nada de lo que tiene” y advertir que “nadie puede comprar en el mercado lo que la gente no puede comprar”. He sostenido que la economía dominicana ya no se puede manejar solo con medidas de política monetaria porque su dinámica mayor se basa ahora en la producción y el consumo.

Un gremio empresarial culpa al Gobierno porque, según sus directivos, las ventas se reducen en un 15%, y esperan que  las autoridades logren que, en segundos, la gente  disponga de dinero.

De justicia es  decir que  el Gobierno ha cumplido su parte de procurar dinamizar la economía por vía del estímulo al empleo a través de la promoción de créditos a la pequeña y mediana empresa, la liberalización de veinte mil millones de pesos  del encaje legal bancario, la reducción  de la tasa de interés e inyección de nueve mil millones para  construcción de obras viales, viviendas, agua potable y de riesgo.

Esa combinación de políticas fiscales y monetarias motivó un crecimiento del empleo en el primer semestre superior al 2%. El 65% de los empleos fueron generados por esas medidas oficiales, en tanto que las Pymes aportaron el grueso del restante 35%.

El problema mayor radica en que las grandes empresas corporativas no han democratizado su nómina salarial, de conformidad con la regla de oro empresarial que señala que el valor del salario debe representar entre un 15 a un 30% de los beneficios brutos, pero aquí ese porcentaje oscila entre un ocho a un 12%.

El sector productivo formal, represa el nivel salarial, sin entender que si incrementa la capacidad adquisitiva de sus trabajadores obtendría mayor rentabilidad, a través de una mayor eficiencia en la producción y productividad y en el registro de mayor consumo.

 En vez de asentar las perspectivas de crecimiento por vía del estímulo salarial, los gremios empresariales presionan ahora para recortar las magras conquistas laborales, como resulta de su reclamo de que  se elimine del Código Laboral el beneficio de la Cesantía.

El presidente Medina ha dicho verdad del tamaño de una montaña al advertir que con el salario de miseria no sería posible articular una sociedad que se sustente en justicia y equidad. La receta del desarrollo no debe  ser  enseñar al burro a no comer, porque  se moriría de hambre.

El Nacional

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