Aunque procura la inhabilitación política del doctor Leonel Fernández, el objetivo final de este vendaval de groserías e infamias, es frustrar el programa de reivindicación social que ha iniciado el gobierno del presidente Danilo Medina. Por eso, la oposición más delirante evitó que alrededor del proyecto de reforma tributaria se discutiera alternativas razonables de consenso. Lo que interesa es promover caos y sedición.
La derecha recalcitrante teme más al discurso con tinte revolucionario de Danilo que a un posible retorno de Leonel, porque el programa del actual mandatario se inscribe entre los más progresistas del tercer mundo, con iniciativas como la titulación masiva, el Banco Solidario, Seguridad Social plena, transparencia en la asignación de cuotas de importación y otras iniciativas.
La izquierda, que debería impulsar el plan de gobierno de Danilo y presionar para que su corte revolucionario y social sea todavía de mayor alcance, insiste en el empleo de una visión política del tamaño de un grano de arena y prefiere cerrar filas con entes corporativos que han sido grandes rentistas del crecimiento de la economía y de una mentada sociedad civil, que, aunque vestida de blanco, disfruta todavía de gran conectividad con el poder y sus beneficios.
Pseudomoralistas cuyas oficinas de abogados, relaciones públicas, y de asesoría económica trafican por la puerta de atrás con gobiernos de turno y grupos económicos, como si fueran venduteros de conciencia, se creen dueños del discurso de reivindicación social y sacan provecho político y económico de legítimos temores de la población de ser impactada por la reforma fiscal.
Individuos que en su anónima vida pública se les recuerda por su tremendismo procesal e ignorancia jurídica, que nunca se han leído un folleto de los clásicos marxistas y, si leyeron, no entendieron, buscan sus 15 minutos de gloria con la premura del mosquito.
Leonel Fernández ha sido tres veces presidente, y su prestigio hace tiempo que cruzó las fronteras, por lo que ningún sin nombre puede desconsiderarlo aunque abriera todos los retretes de su entorno. Danilo Medina ha mostrado su temple de estadista, su gran sensibilidad social y su resuelta determinación de acometer el programa de gobierno que permitirá completar la obra de Juan Bosch. Eso será así, sin importar que las cunetas viertan todas las aguas negras que fluyen en sus entrañas.
El pueblo tiene derecho a la protesta pacífica y a reclamar del gobierno que haga o deje de hacer lo que la gente reclama, pero la sociedad dominicana esta consciente de que en los gobiernos del PLD no se apresa a periodistas ni se encarcela por expresar o difundir sus ideas. Eso era costumbre en el régimen de quienes hoy se pintan de corderitos. Leonel cumplió. Danilo cumplirá.

