Diario Libre publicó en primera página la foto de una señora que hablaba por un teléfono móvil mientras recogía del pavimento arroz y maíz desparramado por una guagua que chocó contra un camión blindado en la carretera de Hato Mayor. La gráfica fue bautizada como el país de las dos velocidades.
Esa dama pudo hablar con alguna hija en Europa o llamar a su casa para que le trajeran otro recipiente.
Es verdad que en el mundo de hoy las sociedades marchan en dos velocidades, con el anhelo de los pueblos de arribar a un destino en el que cohabiten crecimiento económico, desarrollo tecnológico y equidad social. La señora pudo acceder a la tecnología, pero aun tiene la necesidad de separar arroz y maíz del vidrio para poder alimentar a sus hijos.
La pobreza o marginalidad no pueden ser atacadas sin el concurso del desarrollo tecnológico, que garantice competitividad, acceso a los mercados, captación de inversión, incremento de la producción, productividad, mayores y mejores horizontes.
Es por eso que el Nueva York Chiquito de que habló el presidente Leonel Fernández no excluye, sino que incluye políticas públicas de impacto social directo y alientan la construcción de autovías, carreteras, puentes, túneles y elevados.
El mundo de hoy, signado como Aldea Global o Sociedad del Conocimiento, es incompatible con el discurso politiquero, y reclama de reflexiones más profundas y sosegadas en torno al camino a seguir para producir el gran salto hacia delante.
Fíjense, que siete años antes de estallar la peor crisis económica global desde la Gran Depresión (1929-1945), se inició el Tercer Superciclo, período de crecimiento mundial históricamente alto, impulsado por una expansión del comercio, elevados niveles de inversión, urbanización e innovación tecnológica y ritmos de crecimiento en el mundo emergente.
Ese período está supuesto a extenderse por más de una generación, al término de la cual China se convertiría en la primera economía del mundo y la India en la tercera, al desplazar a Japón. Goldman Sachs calcula que el monstruo de oriente superará al Tío Sam en el tamaño de la economía para el 2027.
Cuando el presidente Fernández viajó a la Conferencia de Davos y a la India, aquí, un candidato presidencial anunció publico apoyó al propósito de un minúsculo grupo delirante de incendiar a Licey al Medio y Navarrete y sus principales asesores económicos convocaron a desobediencia civil y advirtieron que la ira del pueblo se extiende como pólvora por toda la geografía. Asi no se puede.
La clase política dominicana padece de una crónica enfermedad de aldeanismo insular, que le impide ver más allá de sus narices, por lo que creen que aquí todavía el pueblo anda con taparrabos.

