Indefectiblemente este año va a morir en poco menos 48 horas y todo lo que procesó su vientre será historia de amor, desamor, éxito, fracaso o simplemente que pasó por nuestras vidas, por lo que mejor sería despedirlo aun sea fingiendo una sonrisa. En la antesala del presente, aguardamos por el 2013, cálida criatura que vendrá abrigada en fino lino de esperanza, con la ingenua expresión en su rostro del optimismo que convoca a aprovechar todos sus segundos, minutos, horas, días, semanas y meses en la ingente tarea de ayudar a pintar el porvenir con los colores de progreso, equidad y justicia.
La nao nacional navegará por aguas impetuosas. Hay vaticinios de acentuada recesión en las economías más poderosas, pero aun así, el presidente Danilo Medina ha puesto proa en dirección a tierra de certidumbre.
Apostar al fracaso cómo vía para llegar a Roma es políticamente tan absurdo como intentar pasar al elefante por el agujero de la aguja. En vez de promover anarquía y destrucción, se aconseja a líderes y dirigentes prometer construir sobre lo construido o hacer más de lo que se ha hecho.
No veáis al 2013 como Hidra de Lerna, aunque si así fuera, tengáis la seguridad de que el presidente Medina desempeñaría magistralmente el papel de Hércules. Ojalá que en alma y mente de todo buen dominicano se produzca tan gran derrame de optimismo y esperanza que el nuevo año se asemeje a la utopía del Shangri-La, la tierra de la felicidad permanente, de la novela Horizontes Perdidos.
Para el hombre nuevo, la vida no comienza en la individualidad, sino en la familia, cuya defensa y protección conduce ineludiblemente a la lucha consciente por la conquista o consolidación de derechos, como el ave que surca los cielos para siempre al nido al nido a alimentar y dar calor a sus polluelos. El buen ciudadano piensa en su país tanto como en su familia.
Los programas impulsados por el gobierno en el último tramo de 2012, han de servir como carta de presentación de lo que será capaz de hacer en 2013, primer año completo del ejercicio constitucional, cuya fórmula de imprimir calidad al Gasto Publico para poder distribuir peces y panes, se convierte sin dudas en manantial de ilusión donde han de abrevar los hijos de Dios que malviven al otro lado de la verja de miseria.
Al formular votos por la ventura personal de todos los dominicanos, consigno aquí profunda fe en el porvenir de nuestro pueblo y la seguridad plena de que 2013 será un buen ano colmado de retos que serán abordado con energía, eficiencia, justicia y patriotismo por el Gobierno y la sociedad. Dios bendiga a nuestra patria.

