Opinión

A Rajatabla

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ORION MEJIA
El ciudadano ordinario parece  ignorar que  con la instalación de la Asamblea Revisora para la modificación de la Constitución del Estado se inicia un ciclo trascendente en la historia nacional que puede signar por siempre el destino de la sociedad  en término de convivencia política, social y económica, toda vez que la profundidad y alcance de esa reforma  equivale a la refundación de la República.

La trascendencia de  este proceso, iniciado hace más de dos años, no sólo estriba en que  la mayoría de los artículos del Texto Sustantivo serán objeto de revisión,  se corregirán lagunas  y se insertarán figuras jurídicas de última generación, sino también en que serán creadas novedosas instituciones jurídico-políticas, auténticamente garantistas de derechos individuales y colectivos.

Una de esas instituciones sería la Sala Constitucional,  que tendría como misión dirimir conflictos de competencia, así como garantizar  la vigencia de derechos y libertades fundamentales consagradas en la Constitución.

Para entender porqué se defiende la idea de que esa Sala Constitucional opere con independencia de la Suprema Corte de Justicia, es menester referir que  el régimen político nacional se basa en el principio de la separación de los poderes, lo que quiere decir que el Ejecutivo, Legislativo y Judicial, operan con independencia plena uno del otro, aunque con jerarquías relativamente similares.

El Poder Ejecutivo resulta  algo así como  el rector  administrativo de la sociedad; el Legislativo tiene a cargo la elaboración del ensamblaje  jurídico, mientras, el Poder Judicial está a cargo de  garantizar respeto y obediencia a las leyes, derechos,  ordenanzas y resoluciones,  siempre con arreglo a la Constitución.

En las relaciones entre  poderes del Estado se producen  frecuentes encontronazos que  en el peor de los casos derivan en dictaduras,  caos jurídico o desconocimiento a preceptos fundamentales  de la Constitución. Ese tipo de conflicto no ha podido ser subsanado por el Constituyente, que no ha podido prever arbitrio  alguno cuando la disparidad se produce entre el Ejecutivo y el Poder Judicial.

En los casos  de diferencias de criterio con respecto  al alcance de una ley, la Constitución prevé  el veto u observación presidencial, que de inmediato genera la necesidad de mayorías calificadas  en las cámaras legislativas para poder imponer el criterio del legislador sobre  la voluntad del ejecutivo.

Sin embargo, con respecto al control de la constitucionalidad de las leyes, decretos, y ordenanzas,  la SCJ impone su voluntad sobre los demás poderes, que no pueden acudir a recurso alguno para  atacar una sentencia del más alto tribunal, que a su vez es cabeza de uno de los poderes del Estado.

Es claro, pues, que  la Constitución vigente no garantiza el principio de separación de poderes, porque la Suprema, esto es, el Poder Judicial, ejerce supremacía absoluta sobre las otras dos patas del trípode institucional, con prerrogativas que le permiten anular  decretos, leyes y ordenanzas.

Tanto es el poder de la SCJ, que sus jueces se han proclamado   vitalicios, en particular interpretación de uno de los articulados de la Constitución, sin que se pueda precisar si esa vitalicidad está limitada por el retiro laboral, con la muerte o la interdicción.

La Suprema de hoy está integrada por magistrados probos, pero  el riesgo de que  se instituya una dictadura de los jueces está latente, toda vez que esa institución   tiene ahora el control de la constitucionalidad, control administrativo y contencioso de la Justicia y, por supuesto,   poder ilimitado de fiscalizar, juzgar e intervenir  el fuero de los demás poderes del Estado, sin ser  juzgada ni juzgarse.

Es por eso que se aboga por una Sala Constitucional independiente, cuya misión  fundamental sería la de intérprete supremo de la Constitución y garante de los derechos  de los ciudadanos, que tendrían facultad para  acudir a ese  fuero a reclamar amparo ante cualquier  despropósito en el ámbito público.

Esa Sala Constitucional  impediría que la Suprema  se acerque más de la cuenta a Dios o que  sus integrantes lleguen a considerarse seres divinos, cuyos actos han de estar por encima del bien y del mal.

orion_mejia@hotmail.com

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