Opinión

A RAJATABLA

A RAJATABLA

Hatuey De Camps ha hecho bien en retornar, como jefe de campaña, a brazos de Hipólito Mejía, a quien  reivindicó con la  sola expresión de que “ha cambiado”, aunque también dijo que aceptó volver a su lado porque el otro bando escogió a Margarita Cedeño como candidata vicepresidencial, lo que debería provocar el asombro del más incauto de los analistas políticos.

Renunció a la candidatura presidencial para  dirigir la campaña  de otro aspirante  al que hace  menos de dos lustros acusó de  vulnerar el legado de José Francisco Pena Gómez porque  aguijoneó la Constitución de la República en  afán por reelegirse. Ahora estoy convencido de que Hatuey nunca debió irse del PRD, al menos no por  el motivo expuesto,  porque ahora tiene que hacer malabares para retornar a su antiguo puesto de presidente de esa organización.

Aunque es sabido que, en política, nuestros enemigos de ayer pueden ser nuestros amigos de hoy, y viceversa, es necesario que se produzcan acontecimientos que validen ese axioma y justifiquen a la víctima reconciliarse con el victimario. La justificación expuesta por Hatuey oscila entre lo cándido y lo ridículo.

El pliego de 27 requerimientos cuya aprobación dice el  dirigente socialdemócrata fue colocado como requisito para el acuerdo, pudo ser aceptado por cualquiera de los candidatos o partidos. Asuntos como la no reelección y no corrupción son irrelevantes, porque ambos están prohibidos por la Constitución y las leyes.

Hatuey proclama que  retornó donde Hipólito porque “ha cambiado”, pero yo creo que quien ha colgado los hábitos es Hatuey.  Hipólito  es el mismo, solo que ahora, como dijo su nuevo jefe de campaña, implora una segunda oportunidad para  repetir la historia. Tal proceder puede tratarse de una  estrategia genial que sería incluida en los libros  de ciencias políticas en todo el mundo.

A pesar de que  el veterano dirigente político  afirma que  su alianza con Hipólito no incluye su  vuelta al PRD, lo que puede  interpretarse de tal  espectacular  acto de  trapecismo político es que  Hipólito ha  accedido  a ingresarlo por la puerta trasera con el incentivo de poder desalojar de su poltrona al actual presidente de la organización.

La alianza entre Hipólito y Hatuey me recuerda al cabo de la guardia  de mi viejo barrio de San Carlos,  quien, para poder justificar ante los vecinos la reconciliación con  la mujer que le fue infiel, aseguró que no vivirían bajo un mismo techo y que  ella se sostendría con sus propios recursos, pero todos en el barrios estaban convencidos de que el hombre siempre estuvo enamorado de su consorte.

El Nacional

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