Cuando el tiempo se agota en un juego de baloncesto, el equipo que está abajo aplica una estrategia de juego definida como presión de cancha, que consiste en intentar despojar al contrario del balón a cualquier costo. En esa circunstancia son válidos los codazos, empujones o cualquier forma de violencia. A dos meses de campaña electoral, ocho encuestas realizadas por las firmas mejor acreditadas confieren ventaja sostenida a Danilo Medina sobre Hipólito Mejía (desde uno hasta ocho puntos porcentuales), en tanto, en la percepción del triunfo, el primero supera al segundo por más de diez puntos.
A esa realidad se atribuye que el candidato perredeista haya enviado la señal a su equipo de pelear sucio, con mordidas y patadas, bajo el principio de no aceptar el designio de los electores.
El equipo mediático que cubre la infantería de ese candidato asumió ese mandato y arreció la campaña de denuestos, injuria, infamia y violencia verbal contra los candidatos del PLD y dirigida en especial contra el presidente Leonel Fernández, por aquello que expuse en la columna anterior del juego de carambola.
Los ataques desconsiderados contra el presidente provocaron que despertara el monstruo y se integrara a la campana electoral con toda su capacidad de convocar y convencer a las masas, la infamia contra Margarita retornó por la misma cloaca al retrete, y sabido es que a Danilo no le entran ni los tiros de la ametralladora.
Ante la imposibilidad de revertir el cuadro electoral favorable a Danilo y Margarita, ese sector delirante parece decidido a incidentar el proceso, por vía de una temprana denuncia de fraude con colaterales intentos de incendiar la pradera a través de convocatoria a inoportunas protestas sociales.
El candidato opositor dijo que el gobierno de Leonel había dilapidado con vocación corrupta en ocho años la friolera de 345 mil millones de pesos, pero luego redujo esa estrambótica cifra a 35 mil millones, y también dijo que hay mecanismo para determinar la cuenta de banco que tendría en Puerto Rico monseñor Agripino Núñez Collado, lo que indica que el hombre dice lo que le llegue a la mente.
Ante tal derroche de desesperación e irracionalidad, lo conveniente sería que la población no admita provocaciones, aunque cada quien se obligue a usar pañuelo para cubrirse la nariz, porque hay que evitar que el discurso de confrontación asuma el mando.
Para evitar riesgo de que esa gente incendie la pradera en pleno proceso electoral o después de contar los votos, lo mejor sería que ante cada provocación, la población repita la frase del deportista en el anuncio de una entidad bancaria: Primo, yo no estoy en eso, lo mío es la pelota.

