Opinión

A rajatabla

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Cuando el  expresidente Luiz Inácio Lula Da Silva dijo que  cuatro años es poco tiempo para que un gobierno pueda satisfacer las demandas  y necesidades de la población,  fue mucha la gente que  entendió mal lo expresado por el  estadista brasileño, al punto que el presidente Danilo Medina tuvo que  señalar que esas declaraciones fueron sacadas de contexto.

Lula  dispensó la gentileza de  transmitir al Gobierno y pueblo  dominicano su experiencia  como jefe de Estado, así como las  medidas de políticas públicas que  consolidaron el éxito de su gestión de ocho años, basada  en la promoción del crecimiento, empleo, competitividad, exportaciones, distribución del ingreso y ampliación  del mercado interno.

Es verdad que Lula dijo que  un lustro no es suficiente para  atender  tantos reclamos acumulados de la población, pero no  se refirió a la necesidad de una repostulación del  mandatario dominicano, quien para evitar malos entendidos dijo que cuando concluya su periodo irá derecho a su casa.

Lo dicho por tan distinguido visitante constituye una saludable advertencia para que el Gobierno  aproveche el tiempo en el diseño y ejecución de  todas sus iniciativas que han de ser  iniciadas en tiempo oportuno, especialmente aquellas relacionadas con  la consecución de la meta de rescatar de la pobreza extrema y pobreza moderada a un millón 400 mil dominicanos.

Dicho de otra manera, el presidente  Medina esta compelido, no solo  a corregir lo que está mal y a hacer lo que nunca se ha hecho, sino  también a hacerlo en tiempo récord de cuatro años o menos.

Puede decirse que  para  poder cumplir  con la revolución social que ya ha emprendido,  el minuto del presidente Medina y de su gobierno consta solo de 30 segundos, si se toma en cuenta que  tendrá que hacer en cuatro años lo que debería realizarse en ocho o más.

El Presidente  tiene un 83% de aprobación  ciudadana, la oposición política  está  atomizada o anulada y a la gente le gusta el estilo de  dirigir  del licenciado Medina, lo que  indica que  el Gobierno navega con vientos a favor y buena temperatura, pero es menester  advertir que  el tiempo es un enemigo oculto y poderoso  al que se debe vigilar  día y noche.

El gabinete del Gobierno y todos los funcionarios deberían  entender que  un minuto es como oro líquido que se desperdicia entre las manos, por lo que  su obligación es  competir en trabajo y eficiencia, así como  cumplir con el compromiso de  presentar resultados de todas y cada una de las tareas que el Presidente o la superioridad les encomienda.

Nunca como ahora resulta más oportuna  aquella expresión del profesor Juan Bosch de que  “para conseguir los propósitos de progreso,  equidad y la justicia, conviene levantarse lo más temprano que sea posible, trabajar y trabajar hasta que no queden fuerzas para seguir de pie”.

El Nacional

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