Usted se ha convertido en el aspirante con mayores posibilidades de obtener la candidatura presidencial del Partido de la Liberación (PLD) en las votaciones del 26 de junio, aun cuando los otros cinco competidores tienen también grandes condiciones políticas, académicas y personales, razón por la cual me permito el atrevimiento de exponerle algunas reflexiones en torno al discurso político.
Es posible que, en caso de ser candidato, usted pueda ganar las elecciones sin el concurso del presidente Leonel Fernández, pero aun así, no hay razones para creer que una estrategia electoral que apunte a la percepción de un alejamiento del Gobierno garantice esa victoria. Creo, por el contrario, que ese camino pedregoso conduciría a la derrota.
Usted goza de elevada estima pública, valioso activo político, que, sin embargo, no ofrece seguridad plena de que se convierta en incontenible caudal de votos, por lo que se requiere emplear las habilidades necesarias para unificar las fuentes electorales, sobre la base de un discurso unitario e incluyente.
Sus asesores, licenciado, no están en condiciones para obviar, anular u ocultar una realidad incontrastable: el doctor Fernández es el presidente y líder del PLD y, aunque juró ser árbitro imparcial, no ha renunciado a su obligación de defender su bien ganado liderazgo.
Por vía de mutuos amigos, le he transmitido preocupación por los dislates en que incurren dirigentes de su proyecto como los que llegaron a decir que con el dinero que el gobierno otorga al Despacho de la Primera Dama se resolverían los problemas del sector educativo, sin entender que para cumplir con 4% del PIB se requieren de 45 mil millones adicionales.
Usted tiene un buen programa de Gobierno, pero ese legajo de promesas tampoco garantiza el triunfo, menos cuando se enfatiza que se hará lo que nunca se ha hecho o que se remediará lo que mal se ha hecho, porque lo malo y lo bueno de este gobierno es también ganancia o pérdida de su persona y de todo el PLD.
En el epicentro de una crisis y sus terribles efectos sobre las cuentas nacionales, la gente vería mejor que usted convocara al sacrificio y que, como lo ha hecho, prometiera tender aun más las manos a los excluidos. Las promesas de hacer o no hacer se pierden en el circo electoral.
Aquí me detengo, por falta de espacio, por lo que me apresuro a exhortarle a que cultive la unidad interna, que reconozca el liderazgo del presidente Fernández, que destaque los aciertos de su gobierno, y que censure los desenfrenos de nuevos y viejos compañeros, porque, al fin y al cabo, usted aspira y tiene las mayores posibilidades de convertirse en el presidente de todos los dominicanos. Un abrazo.

