Opinión

A RAJATABLA

A RAJATABLA

La única vez que he visitado Bahía de las Águilas, más que por  la extraordinaria belleza de ese litoral de  arena blanca, mar azul y sol radiante, quedé impresionado con la débil sonrisa de un niño que almorzaba víveres salcochados sin asomo de carne ni de  nada más.

 Ese fue un choque con la miseria más abyecta que todavía abate al Suroeste, donde todos los indicadores de desarrollo humano están por el suelo, aunque a lo lejos puede contemplarse la impresionante obra de la naturaleza sobre el litoral  sur.

Antes de la experiencia con el niño  hambriento y desnutrido, sabia de  Bahía de las Águilas porque, en mi condición de Fiscal Adjunto del Distrito Nacional, participé  en el estudio del expediente instrumentado al doctor Moisés Marchena, un médico dominicano acusado de falsificación y  estafa en la adjudicación de parcelas junto a otras personas.

El infante  del que hablo debe  ser ahora adolescente. Quizás  emigró a la capital  o trabaja en alguna parcela del Suroeste, en tanto que el litoral playero y su celestial belleza permanecen intactos, como  inalcanzable paraíso, y la vida para los habitantes de  cuatro provincias del suroeste, es un infierno.

Hoy, esas tierras con enorme vocación turística valen mucho y nada, pues  los conflictos jurídicos por su posesión en la Jurisdicción Inmobiliaria o en tribunales penales, datan de 16 años y ha dicho un juez de la Suprema Corte que tardaría 40 o 50 anos la espera por  sentencias definitivas.

El gobierno de Danilo Medina ni los habitantes de Pedernales, Bahoruco, Independencia y Barahona, pueden esperan casi medio siglo para que arranque  el proyecto del polo turístico de la Región Suroeste, que se supone seria uno de los  de mayor crecimiento y sostenibilidad en el Caribe.

Es por eso que las autoridades han encaminado acuerdos extrajudiciales con personas físicas o jurídicas que poseen títulos  registrados sobre inmuebles de Bahías de las Águilas, quienes  serían recompensados con el 45% de  futuras ventas, a los fines de dejar libre el camino hacia la garantía jurídica para la inversión.

El Gobierno ha dado seguridad de que no permitirá que  se degrade ni una pulgada del territorio protegido del Parque Jaragua ni de Bahía de las Águilas, lo que debería asegurarse mediante  una ley complementaria, que incluya  garantía de que las playas no serán privatizadas y de que  ese polo turístico no repetiría errores de exclusión de otros proyectos en el Este y Norte.

Por todo lo antes expuesto, la sociedad debería respaldar la iniciativa oficial  de relanzar cuanto antes el proyecto de Bahía de las Águilas, en la esperanza de que  cuando regrese a ese paraíso natural no encuentre en el camino ningún niño hambriento obligado a  almorzar víveres secos.

El Nacional

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