Opinión

A RAJATABLA

A RAJATABLA

A juzgar por las declaraciones contradictorias o divergentes que se ofrecen a la opinión pública bajo el mismo epígrafe, hay que convenir que el Partido Revolucionario (PRD) se ha dividido o que opera con dos cuerpos, uno que  señala y camina en una dirección y el otro en  vía contraria.

Una de esas cabezas parece no tener controles sobre sus esfínteres y usa garras y colmillos para agredir a diestra y siniestra, sin importar si su posible víctima es un cardenal, obispo, empresario, senador, candidato o simple mortal, aunque ha aprendido a convivir con otras fieras perseguidas por la sanidad jurídica.

La otra, que hace más de un año ya sufrió un desgarrante mordisco de la primera, procura actuar con mayor  comedimiento e intenta mantenerse alejado de su  par, aunque no puede evitar que ese cuerpo arrastre  al suyo hasta pantanosos terrenos de aventuras políticas donde  más de una vez  ambos han estado  en peligro de ahogarse.

La cabeza más delirante  acometió contra la Junta Central Electoral,  a la que lanzó un escupitajo de 19 exmilitares con caras de pocos amigos,  además de acusar a su presidente de  sostener encuentros  con el equipo contrario, así como advertir que  aquí puede correr sangre roja, si los resultados electorales no son los apetecibles.

La otra cara  del PRD se desligó del  exabrupto de su otro yo y respaldó la decisión de la JCE de no  aceptar a los ex guardias y policías como delegados técnicos,  pero la cabeza opuesta insiste en  que ese contingente meta miedo en la Junta.

El lado sosegado  perredeísta aboga por elecciones limpias y  concurridas, en cuyo propósito ha  concertado acuerdo con  el partido contrario, con la sociedad civil y con las autoridades electorales, pero el cerebro vecino mantiene  su juego a presión de cancha bajo  el criterio de que  gane el padre o que entre el mar.

El lado  irracional insiste en usar  garras y dientes para destrozar toda forma de convivencia  política y en su indiscriminada campaña de descrédito llega al colmo de afirmar que los funcionarios del gobierno se han robado 547 mil millones de pesos, 147 mil millones más que  toda la inversión pública en  siete años.

La democracia dominicana debería reconocer el  oportuno y valioso aporte que en favor de su consolidación ha hecho  la cabeza sensata del PRD, incluidos los acuerdos relacionados con la conformación de una nueva Constitución y las leyes de modernización del Estado.

Se advierte, sin embargo,  evitar ser alcanzado por las garras o mordiscos de la cabeza delirante del rostro delirante del perredeismo. Ojalá que estos sean  sus últimos zarpazos.

El Nacional

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