En términos del discurso político, el Partido Revolucionario Dominicano (PRD) fue virtualmente borrado del mapa electoral, con la victoria sin precedentes obtenida por el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) en las elecciones del domingo.
No valen ridículas excusas ni denuncias sobre fraude colosal, porque demostrado está que la gente votó de manera pacífica y ordenada, a pesar de algunos incidentes en periferias de colegios electorales; que los votos fueron contados ante los delegados políticos, las actas escaneadas y enviadas de manera simultánea a las juntas municipales y a los partidos políticos.
Observadores internacionales certificaron que los comicios transcurrieron en relativa normalidad y afirmaron que antes y durante las votaciones no recibieron quejas importantes desde el litoral opositor. El lloriqueo se ha producido después del golpe de bolsón.
Con el sambenito del fraude, el grupo hegemónico del PRD pretende engañar a la militancia de ese partido ante el estruendoso fracaso de su estrategia electoral basada en un discurso apocalíptico con el que se pretendió desdibujar la realidad económica, política y social de la República.
El PRD obtuvo diputaciones y alcaldías adicionales, lo que se explica porque la disputa por esos puestos tiene limitaciones relacionadas con municipios o circunscripciones, pero la candidatura a senador tiene una vocación nacional, en términos de discurso y estrategia electoral.
Es por eso que repito que, al no conquistar ninguna senaduría, el PRD fue borrado del mapa, en su estrategia nacional electoral basada en un discurso catastrófico que pretendió llevar al electorado la falsa percepción de que, por culpa del Gobierno y del PLD, la nación está al borde del precipicio.
La historia del fraude, que una vez fue tragedia y otra farsa, se presenta hoy como burda comedia sustentada por quienes simplemente rehúsan admitir que han sufrido una derrota electoral sin precedentes, en uno de los comicios mejor organizados en la historia republicana.
El presidente del PRD pretende justificar su holocausto político con el argumento de que en los días 15 y 16 se compraron centenares de miles de cédulas, sin detenerse a pensar que eso es materialmente imposible, o señalar que el Gobierno usó los Comedores Económicos para conquistar electores, como si la gente se vendiera por un plato de comida.
Sin entrar en detalles, puede decirse que en la campana el PLD usó las mismas herramientas que empleó el PRD durante su último gobierno, pero esta vez, la Junta Central Electoral (JCE) pudo garantizar elecciones libres, sin palitos, sumatorias ni pérdida de ninguna acta electoral. Más que lamentos o resabios, tan apabullante derrota aconseja que la dirección perredista se someta a un buen baño de reflexión y autocrítica.

